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A lo largo de mi vida he escuchado mucho de la forma de ser de los yucatecos, no todos los comentarios son buenos, hay quejas e inconformidades, pero hoy quiero hablar del talento que tenemos para la solidaridad, de las ganas que sentimos de ayudar.

Esa forma de ser siempre atentos a resolverle al otro (no importa cómo) la situación que lo mortifica; somos mexicanos solidarios, y también podemos pedir favores a quienes tenemos cerca, no necesariamente en nombre propio, sino por la necesidad de alguien más.

Desde que tengo memoria he conocido personas encabezando movimientos para que prójimos con una preocupación encuentren el apoyo necesario, desde vender galletas en las asociaciones de scouts hasta las verbenas de otros tiempos o kermeses en parques y escuelas donde se organizaba una serie de actividades, juegos y venta de comida cuyo resultado económico sería utilizado para solucionar un conflicto. Esos tiempos han cambiado por muchas razones, aunque hoy en día son comunes las rifas para conseguir fondos; las redes sociales se han convertido en el sitio ideal para buscar ayuda económica, o de cualquier tipo.

Pero hoy quiero dedicar mis letras en particular a las mujeres que forman parte de infinidad de patronatos e instituciones que sin importar el método logran siempre obtener el dinero que requieren para comprar medicamentos, tratamientos, equipo, uniformes, máquinas y hasta salarios para el personal que ayuda en una causa.

Así pude conocer el trabajo de los grupos como Cruz Roja Mexicana, Fundación para la Salud, Salvemos una Vida, Apaydem, Sueños de Ángel, las Damas Vicentinas… así, la lista es larga.

Según la Organización de las Naciones Unidas, “la beneficencia puede aliviar los peores efectos de las crisis humanitarias, complementar los servicios públicos de atención de la salud, la educación, la vivienda y la protección de la infancia. Ayuda a promover la cultura, la ciencia, el deporte y la protección del patrimonio cultural y natural. También ayuda a concienciar sobre los derechos de los marginados y desfavorecidos, y permite guardar nuestra humanidad en situaciones de conflicto”.

Esa es una característica que amo de ser yucateca: la beneficencia es la forma valiente que tenemos de ayudar, además con esta contingencia he visto muchas historias de respaldo con vecinos menos afortunados a quienes proveen en ocasiones de alimentos, en otras conexión de internet y hasta asesorías escolares gratuitas en tiempos de escuela en casa.

Todos los esfuerzos aportan, hay miles que no describo aquí, pero recordando el día mundial y a Santa Teresa de Calcuta aprovecho para convocar a todos a conservar este gen yucateco de ayudar. Siempre habrá una buena causa.

También aprovecho que es lunes para felicitar a la fantástica Leticia Benavides y la maravillosa Renata Marrufo que esta semana cumplen años. ¡Qué sea feliz!

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