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Me tocó la fecha de aplicarme una inyección, pero no pudiendo ser, como en ocasiones anteriores, en la UMAE (Unidad Médica de Alta Especialidad) del IMSS, pues se encuentra aislada, atendiendo a afectados de coronavirus, me dirigí a la UMA (Unidad Medica Ambulatoria) también del IMSS. Sucedió lo que empieza ya a no sorprenderme. Desde la entrada un guardia de seguridad mujer me indicó, con mucha cortesía, que saliera y me lavara las manos en el lavabo que había pasado por alto.

Seguidamente me dirigieron al área correspondiente donde me informaron que esta atención se proporcionaba en turno de 10 de la mañana y 4 de la tarde. Para tener acceso a él debía abrir un expediente en archivo. En la planta alta me enviaron a la Dirección para recoger un vale que me daría acceso a la apertura de mi expediente. En ese momento ya llevaba una carga negativa tan alta que no reparé en la atención con que fui tratado desde mi entrada y que la enfermera que me atendió me dijo que, si tenía alguna urgencia, después de archivo pasara directamente para que me atiendan, o sea, no tenía que seguir todo el protocolo establecido.

También me llamó la atención que el director, ante mi actitud de urgencia, me llevó personalmente al encargado de registro y le instruyó que por favor elabore de nuevo su lista y me incluya. Todo esto sin conocernos, sin saber que el director en cuestión, Dr. Ismael Cruz Cano, había sido jefe de un área de la UMAE y dejado a su paso admiración y respeto (comentario de una amiga) y él sin saber que yo escribo en la importante sección EL PODER DE LA PLUMA de Novedades Yucatán.

O sea que no hubo ninguna recomendación de mi parte y ninguna consideración especial por parte del director.

Somos injustos en el juicio que hacemos respecto a las personas y nuestra actitud evita que nos demos cuenta del esfuerzo que realizan por satisfacer las necesidades personales de cada uno de nosotros que a veces pensamos merecer toda la atención sin respetar los órdenes establecidos. Después de esta experiencia personal, no me extraña ahora que la UMA tenga tan alta calificación de aceptación oficial y social.

ENTRE OTRAS COSAS. Pude observar el trato déspota que dio un chofer repartidor de agua de conocida marca a uno de sus clientes en la colonia Pensiones y me extrañó, considerando que la empresa refresquera dueña de la marca siempre se ha distinguido por su trato socialmente responsable. “UNO PUEDE ESTROPEAR EL TRABAJO DE MUCHOS”.