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Las ferias de libros son eventos declinantes en la promoción de la cultura literaria. Las razones son múltiples y tienen transversalidad entre los protagonistas: lector-libro. La modernidad es compleja, los lectores buscan otros medios para hacerlo y los libros son caros para la mayoría de la población. La promoción de la lectura carece de una estrategia permanente.

Pocos son los eventos editoriales y de lectura que por su mismo prestigio siguen avante, uno de ellos es la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), a la que he asistido en tres ediciones. Según mi percepción, ésta es una de las más prestigiadas ferias dedicadas a los libros; su organización y magnitud permiten conurbar culturalmente a todo el estado de Jalisco. Recuerdo con mucho aprecio el debate sostenido con José Emilio Pacheco en una de las cenas que los organizadores ofrecen tanto a escritores noveles como a autores consagrados. El respetado autor sostenía que la raza indígena carecía de la pureza genética de los antepasados y yo lo contravenía en el sentido de que los indígenas mexicanos siguen vigentes tanto en su cosmovisión como en su aportación en diversas ramas catalogadas como populares, y eso marca una forma de discriminación. Este intercambio duró hasta que Cristina Pacheco, su esposa, anunció el descanso necesario para tan laureado escritor.

En otras ferias de libros donde se me ha convocado a participar, por ejemplo la Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua), la de la Unacar (Universidad Autónoma del Carmen), la Feria Internacional de Arteaga (FILA) y otras en la CDMX, he encontrado un esfuerzo supremo para mantener la siguiente edición.

Estos recuerdos surgen cuando comparo la FILEY con esos esfuerzos por acercar a los ciudadanos a la lectura. Los escritores yucatecos sembramos esperanzas en este evento, pero la semilla se seca por factores a examinar, el principal resulta incomprensible: ¿Por qué entregar nuestro máximo evento a una organización como UC Mexicanistas? Reconozco la valía de sus integrantes, pero eso de abrogarse la dirección de nuestro máximo evento bibliográfico pone muchos signos suspensivos de por medio.

UC Mexicanistas decide quién viene y a quién se homenajea. El otro protagonista son las editoriales, las grandes ocupan lugares preferentes, las locales se vuelven ojo de hormiga. Los eventos regionales resultan medidos por genética familiar, los apellidos del organizador se reproducen en eventos sin público. La solución es seguir el proverbio: hay que sacudir el árbol para tumbar las hojas secas.

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