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La frase debe merecer toda nuestra atención aunque se pronuncie de manera ligera, como quien no quiere la cosa: estallido social.

En su conferencia mañanera del pasado jueves 7 el presidente Andrés López abordó varias veces el tema de las reuniones y desencuentros que su gobierno ha tenido con los grandes capitanes del sector privado en México, a quienes ha reiterado que su administración no aplicará las fórmulas neoliberales del pasado para rescatar a los empresarios más poderosos del país.

El argumento principal del tabasqueño presidente es claro: posponer el cobro de impuestos como piden los hombres más ricos del país sería permitir que el gobierno se quede sin ingresos, y entonces sí, advirtió, “se nos viene un estallido social”, porque ya no habría recursos para apoyar, como ya se está haciendo, a la población más pobre y a los negocios o empresas más pequeñas, a las que siempre se les ha reconocido que son las que generan el mayor porcentaje de empleos en el país.

“Estallido social” es un asunto muy grave. Los medios de comunicación reprodujeron esas palabras del presidente con diferentes matices, lo que hacía obligado ir a la grabación original de esa rueda de prensa.

Que el presidente hable o advierta sobre un estallido social generalmente prende focos rojos, porque en una revuelta popular todos pierden, desde los más pobres que ahora dependen cada vez más de ayudas en efectivo (algo muy criticable porque se ve como recurso electoral) y en especie que les entrega el gobierno federal, hasta los más ricos porque en el río revuelto surgen saqueos y robos en pandilla, como ya han ocurrido recientemente, los cuales censuró abiertamente el presidente López, pues precisamente para evitar esas acciones es por lo que se entregan diversos apoyos a los más pobres. Los que asaltan comercios no son más que delincuentes, aseveró.

Pero no sólo del presidente López ha surgido la alusión a la posibilidad de un estallido social, ante los diferentes y radicales cambios políticos económicos y sociales que impulsa la actual administración federal. A todos tienta citar el tapete del muerto para llevar agua a su molino, y así el 3 de abril reciente el presidente nacional del PAN, Marko Cortés Mendoza, advirtió que el gobierno debe “prevenir un estallido social” ante la presión de las crisis sanitaria y económica causadas por el coronavirus.

A lo largo de la historia de nuestro país –e igual ha pasado en otras naciones– los estallidos sociales no han servido de nada, excepto para perjudicar aún más a las clases pobres. Por ello debemos demandar que los actores nacionales principales excluyan de sus discursos las amenazas o advertencias sobre ese tema. Aunque parezca frase trillada y desvirtuada por los malos políticos, las únicas cosas que sacarán a México de un estancamiento que parece eterno son el trabajo y la unidad, ¿no le parece?