|

Un día nos dicen que después que la pandemia del Covid-19 quede bajo control, el presidente Andrés López y sus colaboradores van a revisar las leyes relativas a las pensiones que pagan las afores, y entonces la preocupación hace presa de todos los que han rebasado los 60 años y ya reciben esa prestación, ganada tras décadas de esfuerzo. “¿Y si el cambio consiste en que nos quiten la pensión?”, piensan sin remedio. Otro día nos encajan un gancho al hígado con el anuncio de que a partir de junio tendremos que pagar impuestos cuando hagamos depósitos apenas mayores de 5,000 pesos, en un trámite en el que tendremos que informar de dónde vino ese dinero. Y con la “confianza que generan” las policías fiscales, nos echan a perder el día.

El viernes 15 de este mes el Banco de México anunció que aplicará una nueva reducción a su tasa de interés básica, y a este aviso se agrega que la pandemia del coronavirus trae una “afectación sin precedentes” (sic) para la actividad económica nacional, que tendrá como consecuencia un impacto negativo tan fuerte que “prefiere no dimensionarlo”. ¿Acaso usted se tranquilizaría con semejante apunte? Y podríamos seguir con otras informaciones similares.

La administración federal actual apenas lleva año y medio de trabajo, pero en ese lapso tan corto nos han traído del tingo al tango, en una estresante situación que vino a agravarse aún más con el mortal impacto del nuevo coronavirus Covid-19, que además de enfermarnos está socavando de manera muy grave nuestra economía.

Ahora en los tres niveles de gobierno se está luchando por definir la mejor forma de reanudar las actividades económicas de manera que salgan del hoyo todas las personas que se quedaron sin ingresos como consecuencia del aislamiento social con que se ha buscado frenar el avance del citado mal. El esfuerzo para lograr la reactivación será extraordinario, muy grande, y tomará por lo menos lo que queda de este año y el siguiente.

Ese enorme esfuerzo requerirá sin duda de un liderazgo capaz, empático y conocedor, que pueda amalgamar el trabajo de todos los sectores de la nación. El liderazgo deberá inspirar a todos a dar lo mejor de sí mismos, aportar sus conocimientos, compartir sus capacidades sin egoísmo... En fin, habrá que trabajar hombro con hombro para que México haga valer la afirmación muchas veces gratuita de que su gente es brava ante los retos, y es capaz de superar cualquier adversidad.

Ojalá haya serenidad, desprendimiento y buena voluntad, tanto en quienes deben planear y dirigir el amplísimo esfuerzo, como en el ejército que será el encargado de realizar las tareas materiales.

Como México no hay dos, gritamos en celebraciones importantes. Pues ahora es tiempo de demostrarlo, primero dejando atrás lo más grave de la pandemia, y luego lanzándonos a la calle y el trabajo para recuperar y superar nuestros niveles de vida.