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Hace unos días nos enteramos que en la Ciudad de México se presentará un Consejo con diversas instancias del gobierno de la Ciudad para que las familias en donde tengan un menor que desee una reasignación de sexo genérica puedan acceder a hacerlo sin necesidad de acudir a instancias jurisdiccionales, esto mismo lo dijo Claudia Sheinbaum tras anunciar el proyecto de la Clínica Integral de Personas Trans que pretenden estrenar en diciembre.

¡Es increíble! Parece que estamos en el país del mundo al revés; los niños no tienen capacidad legal (ésta se obtiene al cumplir los 18 años), no pueden comprar bebidas alcohólicas, no pueden consumir drogas, no pueden manejar vehículos sin contar con un aval (a los 16 años), no pueden fumar, ni pueden hacerse tatuajes, etc., pero según Sheinbaum sí pueden elegir cambiar de sexo.

Parece que la señora desconoce lo que la ciencia dice al respecto, para dejar sólo en el plano de una decisión a la ligera algo tan tremendamente trascendente, justifica sus ideas con decir que no se trata de hacerles una cirugía, sino de sólo cambiar el nombre en el registro civil, cómo si de verdad sólo de ello se tratara; habría que ser muy ingenuo o muy tonto para no saber lo que sigue a continuación.

El Colegio Americano de Pediatras se ha manifestado en numerosas ocasiones sobre este tema y sigue alertando a la sociedad sobre los futuros problemas que les pueden acarrear a los menores de edad, y que por supuesto no son poca cosa, al punto de catalogar que el apoyo público a la transexualidad infantil equivale al abuso infantil.

Cuando un niño o adulto tiene confusión sobre su sexo biológico, no está a gusto con su sexo y quisiera pertenecer al opuesto, se dice que tiene disforia de género; este diagnóstico está catalogado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), un manual publicado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría para diagnosticar afecciones mentales, de modo que como cualquier trastorno de índole mental éste debe atenderse por profesionales de la salud de la rama indicada y no con ideólogos de género que, como gran propuesta, les dicen que cambien su nombre en el registro civil, que se sometan a cirugías de mutilación y que vivan a expensas de tratamientos hormonales, que además dicho sea de paso serán carísimos y para toda la vida, en la ciudad de México se pretende que los contribuyentes paguen por ello.

Por donde se le mire es reprobable, y más aún si agregamos que los promotores les venden una gran mentira ya que jamás serán del sexo opuesto, sus genes les seguirán diciendo que su sexo es el mismo que cuando nacieron, aunque ahora estén disfrazados, mutilados y hormonizados, todo esto queda tan a la vista que no se trata de discriminación, sino de llamar a las cosas por su nombre.

Un adulto ciertamente puede elegir qué hacer con su vida, pero cuando de niños se trata, es injustificable. Los pediatras afirman lo peligroso que es someterles a los bloqueadores de la pubertad, y la cantidad de hormonas que toman para provocar el “cambio de sexo” les provoca también esterilidad permanente así como exponerse a sufrir problemas cardiovasculares, enfermedades cardíacas, diabetes e incluso cáncer, entre otras afectaciones a la salud. En otros casos incluso la muerte, como sugiere una investigación en el Reino Unido que relaciona 6000 muertes con tratamientos de bloqueadores del desarrollo sexual entre niños y adolescentes.

Era de esperarse que la sociedad en su conjunto reaccionara ante las declaraciones de la Jefa de Gobierno para decirle que con los niños no se metan, así no, sobre todo cuando hay niños que demandan atención a la salud —por cáncer— por citar tan sólo una de las urgencias sanitarias más sensibles para la población