22 de Agosto de 2019

Opinion

Macabra lista de Schindler en salud

El poder de la pluma

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Era casi medianoche, y antes de escribir mi artículo, recordé pinceladas del día, que difícilmente había terminado. Muchos asentirán con la cabeza, toda vez que lo viven en carne propia en otras áreas.

Después de estar revisando algunos documentos de planeación y búsqueda continua por alcanzar cuando menos la oportunidad con los recursos magros que se administran en muchas instancias, de forma circunstancial me topé con un artículo precisamente escrito por un doctor, específicamente aludo al Dr. Éctor (sin h) Jaime Ramírez Barba, médico y diputado federal, de León, Guanajuato, en la revista am.com.mx del 15 de junio recién pasado, donde realiza una serie de reflexiones sobre el estatus de la salud, en el terruño donde él labora. Prácticamente habla de lo escandaloso de la crisis que vive el soporte del bienestar de los mexicanos, o sea, el sector salud. De inicio hace alusión a “una crónica de muerte anunciada”.

Javier Potes, médico del Hospital General Manuel Gea González, relató recientemente una escena que describe de completo tan solo el fenómeno de lo que está ocurriendo y lo tituló “La Lista de Schindler en los hospitales de México”; utilizando la voz de Jorge, cardiólogo que trabaja en el Instituto Nacional de Cardiología, uno de los trece institutos nacionales de alta especialidad que dependen de la Secretaría de Salud, clamando por recursos toda vez que se encuentran al borde del colapso. Jorge se pregunta cómo valorar pacientes que requieren la colocación de un “stent”, que dan probada calidad de vida y un mayor número de años, sin tener lo básico.

Por Dios, los doctores atendemos vidas, familias, sueños y esperanzas, en el entorno de cada doliente; impotente levantaba la voz este médico.

Lo peor del caso es que teniendo la “Lista de Schindler en el Instituto de Cardiología”, existen 300 pacientes que pueden morir en el transcurso de un año, si no se practica el procedimiento, y los insumos tan solo alcanzan para 100; o sea también habrá que hacerla de Dios, decidiendo quién vive y quién no. A lo anterior habrá que adosarle al grupo de recomendados, elegidos o ungidos por funcionarios que ignoran lo más elemental de la atención médica.

En siguiente entrega hablaré precisamente del “Síndrome del Recomendado”, de A. Sáenz Rubiales et al., publicado en el An Med Interna (Madrid) 2002;19:430-433., donde hay mucha tela qué cortar, y que poca gracia le podrá causar a algunos grupúsculos.

Estimados lectores, el fenómeno actual, rebasa a la base trabajadora, y no con ello exonero las malas actitudes o impericias durante el actuar integral de la medicina intrahospitalaria, sino más bien hago honor a quienes con pundonor, humildad y entrega, están dejando la vida a favor del semejante.

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