La iglesia de tres torres en Yaxcabá (y IV)

Joed Amílcar Peña Alcocer: La iglesia de tres torres en Yaxcabá (y IV)

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El siglo XIX pasó por Yaxcabá como un vendaval, las primeras décadas del siglo XX no fueron muy diferentes. El porfiriato en Yucatán se prolongó hasta 1915, año en el que Salvador Alvarado fue designado gobernador del Estado. El ejercicio gubernamental de este militar fue innovador en muchos aspectos, liberó a los jornaleros del campo, reguló la prostitución, respaldó la divulgación del pensamiento feminista y reglamentó el mercado del henequén. Alvarado no profesaba credo religioso, fue un enemigo acérrimo del discurso clerical y, como tal, decretó la suspensión del culto católico en Yucatán. Como era de esperarse, al conocer esta noticia, la feligresía de Yaxcabá cayó en la desesperación, y por iniciativa de las principales familias ocultaron los santos en una cueva y celebraron misas clandestinas.

Todo parecía transcurrir en calma, los fieles católicos confiaban en la cautela y discreción de sus acciones, trataron de resguardar las campanas de la parroquia junto a los santos. La comandancia de Sotuta recibió informes que indicaban que un grupo de religiosos trasladó objetos de la iglesia a un punto desconocido para realizar cultos clandestinos, dos militares fueron enviados para recuperar las campas e impartir justicia. Los autores intelectuales del ocultamiento de las imágenes acusaron falsamente a dos campesinos, los militares determinaron que la violación a las nuevas disposiciones del gobernador solo podía castigarse con la muerte. Gracias a la información que le proporcionaron Remigia Alcocer, Clotilde Cob, Santiago Padilla y Rosario Mendoza en el año de 1977, el antropólogo José Luis Domínguez Castro reconstruyó el día del cumplimiento de la sentencia: “Eran las cinco de la mañana cuando llegaron los presos con sus verdugos… había entonces dos matas de flamboyán en el atrio de la iglesia… para cumplir con la orden de que los mismos inculpados se ahorcaran, cuidando de que los soldados no hicieran justicia por su propia mano, Mauricio Couoh metió su cabeza en la argolla y a una orden, jaló de la soga muriendo inmediatamente… a la cintura colgaba su sentencia “Por desobedecer al gobierno”… Teodoro Mex se resistió un poco tratando de enredar la soga en un pie, por lo que un soldado tuvo que intervenir… cuando asomó el sol, ya estaban muertos…”.

El peso de la muerte de dos inocentes estaba ya sobre la espalda de algunas de las personas más religiosas, conservadoras y privilegiadas de Yaxcabá. Hace varios años el señor Martiniano Couoh me relató cómo su papá fue asesinado por los ricos del pueblo, ellos lo acusaron falsamente de varios delitos. Con tristeza me decía que no podía dejar de pensar en su papá cada vez que caminaba frente a la iglesia, porque ahí le hicieron pagar culpas que no eran suyas. Queda el testimonio de don Martiano como un recuerdo de este trágico hecho, conocido por varios como “La revuelta de la campana”. Hasta aquí esta breve narración de los sucesos que ha presenciado, como mudo testigo, el templo de tres torres en Yaxcabá.

Nota: la cita textual proviene del capítulo “Situación política en el partido de Sotuta (1911-1966)” de José Luis Domínguez Castro, publicado en el libro Yucatán: peonaje y liberación.

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