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Si los esposos no vivieran juntos, los buenos matrimonios serían más frecuentes.- F. Nietzsche

En los últimos años algunas instituciones jurídicas del Estado mexicano han sido transformadas para intentar hacerlas más armoniosas con los tiempos modernos.

También se ha discutido mucho sobre una figura jurídica-social muy polemizada: el matrimonio. Se ha sostenido que su teleología ya no corresponde a los tiempos actuales.

Hay incluso quienes se atreven a recomendar que se realicen matrimonios por tiempo determinado, con posibilidad de renovación, en caso de que así lo determinen los cónyuges.

Fernando Savater sostiene que lo que hace que las personas se unan son varios factores: “Hay distintas razones por las que dos individuos pueden permanecer unidos: económicas, por mantener una estructura familiar, para criar y cuidar a los hijos. Pero el afecto y el cariño deben ser los motivos más importantes para que dos personas vivan juntas en esta época individualista y hedonista”.

Actualmente existen nuevas formas en que nos interrelacionamos los individuos. Hay parejas que solo se reúnen los fines de semana para convivir alrededor de una mesa, acudir a presenciar alguna película, para sostener relaciones sexuales o, como se dice coloquialmente, “echar pasión”.

Cada quien tiene su morada, no hay responsabilidades para nadie, no hay reclamos o celos de que alguno de los dos salga con terceras personas.

Es lo que se conoce como un “free”. Los “amigovios” son una especie de “amigos con derechos”, entre otras formas diversas. En Colombia ha aparecido el matrimonio entre tres, la trieja.

¿A qué nos puede llevar esto?

En la actualidad vemos a pocas personas e instituciones que defienden el concepto tradicional de matrimonio. Pareciera más cómodo criticar por sistema a la institución matrimonial. Durante muchos años ha sido considerado como la base de la sociedad mexicana.

Creemos que ninguna persona sensata duda de que actualmente el matrimonio es una institución en crisis. Hay que preguntarnos ¿por qué? ¿Han cambiado las condiciones sociales de convivencia familiar?

¿Han cambiado los roles? ¿Qué papel juegan la tecnología y el internet en este cambio de paradigma matrimonial?

“Casarse está bien. No casarse está mejor”, decía San Agustín de Hipona. Evidentemente, convivir a diario con la pareja genera un desgaste normal en la relación, por eso se dice que “el secreto” para mantener un matrimonio duradero es contar con la suficiente confianza, comunicación efectiva y tolerarse mutuamente virtudes y defectos. ¡No es fácil conseguir esto!

Irónica frase de Lope de Vega complementa esta difícil relación entre los seres humanos casados: “No quiso la lengua que de casado a cansado hubiese más que una letra de diferencia”.