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Pasó un ministro del emperador y le dijo a Diógenes: ¡Ay, Diógenes!, si aprendieras a ser más sumiso y a adular más al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas. Diógenes contestó: Si tú aprendieras a comer lentejas no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador

En estos días complicados por el Covid-19 es aconsejable realizar reflexiones filosóficas sobre lo que somos y nuestras vinculaciones sociales. La filosofía se encarga del estudio del amor a la sabiduría. Se encarga de analizar la moral, la ética, la ontología y la epistemología o gnoseología (teoría del conocimiento). En estos tiempos de encierro, de cuarentena, son propicios los cuestionamientos filosóficos para reafirmar las cosas bien hechas, cuestionar las cosas que hemos hecho mal y lo que debemos de cambiar para mejorar.

Las sociedades humanas siempre han experimentado conductas más o menos constantes. Desde luego que los adelantos tecnológico y científico han modificado comportamientos sociales y costumbres y construido novedosas formas de entender al ser humano, el homo ciberneticus.

Diógenes el Cínico fue un filósofo atípico de Atenas que vivió antes de Cristo. Hay dos anécdotas relacionadas con este filosofo, que quizá sean ejemplares para los tiempos posmodernos que vivimos. La primera dice que Diógenes se encontraba dando clases y sus alumnos no le hacían caso, conversaban entre ellos sin inmutarse de lo que el maestro decía; entonces Diógenes empezó a proferir insultos y palabras altisonantes; los alumnos, al escucharlo, se callaron y le prestaron atención, porque intuían que su maestro estaba molesto. Gue cuando el Cínico les dijo: “Ven, cuando uno dice cosas serias y dignas de la sabiduría nadie le hace caso, pero cuando profiere groserías, majaderías o insultos todos le voltean a ver, le escuchan”. En gran parte las sociedades humanas modernas funcionan así.

La otra anécdota dice que Diógenes recibió la visita del gran guerrero Alejandro Magno, el cual, después de dialogar varios minutos con él, como político que era, se sintió comprometido con concederle algún favor material para ayudarlo y le preguntó qué necesitaba, a lo que el filósofo respondió: “Sí, apártate que me estás tapando el sol”. Diógenes, como parte de la escuela de los cínicos creada por Antístenes (alumno de Sócrates), renuncia a cualquier lujo o cosa superflua y no necesaria para la vida. El objetivo para los cínicos es ser virtuoso y alcanzar la felicidad con uno mismo.

Como toda postura filosófica extrema, la cínica no es tan recomendable, pero lo que debemos extraer de ella es dar valor a las cosas necesarias para vivir y ser felices, no aspirar a cosas estériles para vivir, olvidarnos de las cosas superfluas que solo fomentan el egoísmo, la envidia y la mala competencia entre los seres humanos. Deseo que logremos superar el Covid-19 y que estos tiempos de aislamiento nos permitan replantear las cosas que realmente nos deben hacer felices.