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Me prohibí darme por vencid@, lamentarme por cosas sin sentido, rogar por falsos abrazos para sentirme un poquito querida, llorar por mi pasado, me prohibí derrumbarme, me prohibí ser cobarde

Hay una frase que me fascina: “Solo con el corazón se puede ver correctamente, ya que lo esencial es invisible a los ojos”. Lo esencial es vasto y maravilloso mientras que lo visible a los ojos humanos es limitado y muy pequeño.

Solo cuando uno ha llegado a conocer bien la esencia de sí mismo se puede conocer lo que es esencial. Muchas veces consideramos el ego como esencial y no lo es. Muchas personas nos han dicho qué “deberíamos” ser y qué no. Cómo deberíamos movernos, cómo ver, en fin, cómo deberíamos hacer todo lo que hacemos. Ese falso yo levanta enormes murallas alrededor de uno mismo para autoprotegerse. Así la gente continúa su camino por la vida viendo lo que quiere ver, oyendo lo que quiere oír, etc., y todo lo demás permanece absolutamente invisible.

Sin embargo, TODO está presente. Para verlo, hay que dejarlo entrar, tocarlo, paladearlo, abrazarlo (eso es de lo más hermoso), experimentarlo como lo que ES, no como lo que “somos”. Muchas veces estamos apegados a ideas absurdas. Como seres humanos estamos lejos de ser perfectos. Tenemos ideas ridículas que nos han enseñado a creer y que, al ir caminando por la vida, nos impiden asimilar nuevas cosas. Lo peor de todo, a mi juicio, lo que nos impide ver, considerar lo esencial, es la APATÍA. Ejemplo: “Soy como soy”, “¿a quién le importa?”, “¿para qué lo hago si no sirve de nada?”. La apatía es peor que la muerte.

R.D. Laing (psiquiatra) decía: “Desde el instante del nacimiento, estás programado para convertirte en un ser humano siempre marcado por la influencia de la cultura de tus padres y de tus educadores”. Llegamos a estar tan atrapados por ese aprendizaje que lo identificamos con “nosotros mismos”. Donde quiera que estemos, nos topamos con limitaciones. Sin embargo, se puede modificar la programación interna. Puedo empezar a permitirme sentir, probar las cosas para tener la experiencia y formar mi propio criterio.

Es muy importante respetar nuestro cuerpo porque es el vehículo que transporta nuestra esencia, pero no es lo fundamental. Es muy importante, como también lo son nuestros pensamientos, ideas, así como tomar conciencia del ahora y del lugar donde estoy. Que me guste lo que soy en este momento. Tener presente que TODO cambia y lo único real es el momento, para recordar no “el día” sino los momentos. Percibir que NADA permanece sino que TODO está siempre convirtiéndose y cambiando. NADA es inalterable. Todo nace, crece y muere. La ley del ritmo está actuando constantemente en ti, en mí, en TODO y en TODOS.

¡Ánimo!, hay que aprender a vivir.