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Todos los seres humanos somos singulares y distintos, con una percepción diferente del mundo, de ver y entender lo que nos rodea. Esto forma parte de nuestra manera de ser, de vivir alegrías y tristezas. Sí, somos distintos, pero esa singularidad no hace a los demás peores ni a nosotros mejores.

En determinados contextos y situaciones unos actuarán de mejor forma que otros, mas no por eso se puede pensar que sólo ellos pueden hacer las cosas bien, tienen la razón o que sólo ellos pueden decirles a los demás cómo, cuándo y de qué manera actuar. Esta postura es: la soberbia. El diccionario dice que la soberbia es: “altivez y apetito desordenado de ser mejor que otros y/o de ser preferido a otros”. La palabra altivez puede también tomarse como: petulancia, prepotencia, narcisismo, egoísmo, altanería, engreimiento, entre otros sinónimos. La soberbia lleva a actuar desmesurada, impropia y despreciativamente hacia uno mism@ o hacia los demás. Es una satisfacción y un envanecimiento subjetivo e ilusorio al ufanarse de obras propias o posesiones materiales como mejores que las de los demás.

La soberbia “propia” es la que se tiene consigo mismo. En psicología se le llama “complejo de inferioridad”. La postura es en contra de uno mismo, pensando que se es menos que los demás. Es una persona apocada, introvertida, tímida, descuidada en su físico; no se valora. Este tipo de soberbia es nefasta puesto que, al despreciarse, sentirse injustificadamente en inferioridad de condiciones, lo que se está haciendo es una autodestrucción. Sus expresiones son: “no puedo”, “no sé”, “no sirvo para eso…”. ¿Qué hacer? Potenciar la objetividad y ser realistas. No somos los mejores, pero tampoco los peores, sin llegar al otro extremo de creer que somos dioses o “los superpoderosos”. Hay que asumir nuestros errores, pero también nuestros aciertos. Tenemos defectos, pero también cualidades.

La soberbia “ajena” es cuando se ve a los otros como inferiores e incapaces. Se toma como un complejo de superioridad que en realidad no existe, pues el individuo soberbio está lleno de traumas en su interior, sombras y vergüenzas que trata de disimular y tapar atacando a los demás. Es inseguro, inmaduro y recurre a la prepotencia, al desprecio y crítica negativa para que sus miserias pasen desapercibidas. Han “perdido el norte” porque piensan que siempre actúan bien.

Triste es la vida del soberbio, pues al estar ensimismado en su ego, termina solo, en aislamiento exterior, o, lo que es peor, en su interior. Cava su tumba de aislamiento social día a día, con cada desplante y desprecio. Sufre el dolor de no ser comprendido. Aparecen los llamados “bloqueos emocionales” que eliminan sus fuerzas interiores.

Con la persona soberbia será un acto de amor poner nuestros límites emocionales y retirarnos.

¡ÁNIMO!, hay que aprender a vivir.