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Existe un mar de cosas que decidimos callar y dejar para nosotros en ese cajoncito interior donde habitan los secretos personales. Pasan los años y de tiempo en tiempo regresamos a ellos para recordarlos y confirmar que en efecto hicimos bien en guardarlos, que definitivamente nadie puede conocerlos, o que los días perdonan y ahora podrían ser expresados con la seguridad de quien sabe que su liberación poco puede afectar a otros.

La dinámica es complicada. Porque por una parte hemos aprendido que la verdad nos liberará y que tendríamos que animarnos a vivir con una conciencia limpia. Y por otra, sabemos que develar un secreto significa dejar ir una parte de nosotros; algo tan personal como vergonzoso, o íntimo y especial. Difícil situación. Pues la tendencia es que esos cajones con secretos estén vacíos y que nuestro andar por este mundo sea lo más transparente posible. Pero el instinto suele apostar por la vía contraria; entonces callamos y guardamos.

En “El anillo”, cuento largo de la autora danesa Karen Christence Blixen-Finecke, conocida mundialmente con el pseudónimo Isak Dinesen, encontramos una historia que se mueve entre las dos direcciones anteriormente descritas. Advierto que se trata de una lectura totalmente placentera y que resultará ser un guiño a la empatía entre comportamientos que sabremos distinguir en una historia perfectamente construida.

Con una escritura fina, conocemos la historia de Lise y Sigismund, dos jóvenes recién casados que viven en un palacio danés rodeado de lujos, tierras y ovejas; la obsesión del marido. Un día el pastor comunica que el rebaño se encuentra enfermo y Sigismund acude a revisar la situación. Lise lo acompaña y en su aburrimiento decide regresar con la promesa de esperar a su esposo en el camino del bosque. De pronto encuentra un escondite, y en él, al hombre responsable de enfermar a las ovejas.

El encuentro no fue físico ni largo, sino una situación en la que dos personas se miraron con tal intensidad que por un instante todas las palabras del mundo pudieron contenerse entre ellos. ¿Una química emocional, física o espiritual? Podría ser. Lo cierto es que ambos se paralizaron y se quedaron ahí, sintiendo todo. Lise ofreció su anillo de matrimonio por temor a que el hombre le hiciera daño. Él lo rechazó y ésta fue la pauta para que ella, al igual que muchos de nosotros, abriera su cajón interior y callara por siempre; pues hay encuentros que es mejor llevarlos por dentro.

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