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Como nunca antes en la corta pero intensa vida de los espacios y redes digitales, en los últimos cinco años se ha intensificado el debate acerca de cuánto es posible que estas plataformas restrinjan algunos tipos de publicaciones.

Ante este debate, Facebook, por mucho la red social más usada en el mundo con un tercio de la población en ella, había insistido en la defensa de las libertades de sus usuarios, particularmente la libertad de expresión y con ello había ido librando algunas críticas e incluso procesos legales cuando se ponderaba su tolerancia a imágenes, videos e información que caían en el llamado “discurso de odio”. O incluso que atentaban contra derechos relacionados con la dignidad y el honor de las personas.

Esta situación tuvo un primer giro dramático con el caso de Cambridge Analytica en las elecciones de 2016, que básicamente creó un target de votantes manipulando sus preferencias con base en perfiles psicológicos que se construyeron con la información de éstos en Facebook.

En 2018 Facebook anunció que tomaría acciones relacionadas con la protección de datos de sus usuarios e incluso que conformaría un Consejo Asesor Independiente para determinar la censura de contenidos.

También otras plataformas como You Tube, Twitter y Google han seguido el camino de tomar acciones de este tipo y han desactivado cuentas que consideran incitan al odio o a la violencia. Algunos sectores sociales han manifestado el temor de que con ello la censura que antes ejercían los gobiernos ahora se haya privatizado.

En 2020 esta discusión volvió al top a raíz de la pandemia por coronavirus, pues con ella también se disparó lo que ahora se conoce como Infodemia, una palabra que no existe en el diccionario del español, pero que la OMS explica como “una cantidad excesiva de información en algunos casos correcta, en otros no, que dificulta que las personas encuentren fuentes confiables y orientación fidedigna cuando las necesitan”.

La realidad es que éste es un fenómeno que viene acompañando a la internet y a las redes sociales desde hace tiempo y que puede aplicarse a muchos temas. En un mundo de sobreinformación sin límites y poca alfabetización para desarrollar un pensamiento crítico o herramientas que permitan distinguir la veracidad de este enorme caudal, es de esperarse que pueda reinar la confusión, por decir lo menos.

Además, se sigue hablando de gobiernos que hacen uso de cuentas falsas y trolleo, es decir, generar debates “fabricados” para bajar o subir tendencias en redes.

Por el momento, el Consejo Asesor de Facebook es un hecho con 40 miembros independientes: Hungría, Yemen, Dinamarca, Kenia, Australia, Pakistán, Senegal, India, Estados Unidos, Taiwán, Israel, Colombia, Reino Unido, Camerún, Francia, Brasil, Indonesia. Estos son los países de origen de los fundadores de este Consejo que, por ahora, es una promesa.