20 de Agosto de 2019

Opinion

Una medalla bien puesta

El poder de la pluma

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La medalla en honor de Héctor Herrera Álvarez, “Cholo”, que confiere el Ayuntamiento a un artista distinguido por su aportación al teatro regional, este año no pudo caer en mejor pecho –ancho, suficiente para lucirla con honor-: el de don Mario Herrera Flores, Mario Tercero, promotor, preservador y heredero de una dinastía que llega hoy día a seis generaciones y que inició hace un siglo don Héctor Herrera Escalante.

Ayer, en ceremonia que se inició a las 11:03 de la mañana y concluyó poco después del mediodía, decenas de meridanos asistimos jubilosos a la ceremonia oficial en la que el alcalde, Renán Berrara Concha, colgó del cuello de don Mario –con tricolor cinta, como ordena el decreto de creación- la medalla que tiene en el anverso el escudo de la ciudad y en el reverso el rostro de grandes ojos del actor y dramaturgo yucateco que ayer hubiera cumplido años.

Me dio gran emoción oír mi nombre entre la larga lista de quienes postulamos a Mario Tercero para esa medalla que se le había negado –inexplicablemente como no fuera por celos mal fundados y enfermos de alguna persona- y, en ese sentido, me gustaría precisar que no lo hice a nombre propio sino como coordinador de la sección editorial El poder de la pluma de Novedades Yucatán y de los más de 50 distinguidos escritores que todos los días plasman sus ideas en estas páginas. Fue motivo de orgullo saber que estábamos en buena compañía cuando postulamos a tan distinguido artista. Qué bueno que nos hicieron caso.

Una de las cosas que quisiera destacar del solemne acto fue la emotividad que campeó en las palabras del homenajeado, cuyo sencillo discurso no estuvo exento de la gracia y el salero que pone en su “caminar por la vida” –en frase suya- y en las palabras del alcalde, a quien se le veía muy contento.

Otra es la presencia en pleno de la familia de don Mario, desde el mayor, Mario (Dzereco en la farándula), Nohoch (la otra parte del binomio fraterno de comediantes e integrantes de la quinta generación), Talía y Carolina, doña Saidy Casares de Herrera y los nietos (la sexta generación), así como varios de quienes antes han recibido la presea. Se ve que don Mario ha hecho un buen trabajo con su esposa para fundar una familia en la que el amor es el ingrediente principal.

Estar de alguna forma cerca de esos grandes comediantes es un honor que la vida me ha regalado. En alguna ocasión me tocó trabajar con Mario y Daniel (Dzereco y Nohoch) –en un programa de televisión que duró tres años en la mañana en la televisión oficial- y por eso puedo dar fe del amor por lo que hacen, que ha sido y es divisa de la familia, inculcado por don Mario, que sabe que hace reír es la cosa más seria que puede existir.

Por cierto, en la ceremonia también estuvo entre el público la viuda de Cholo.

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