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Y lo hicieron ellas. En un día que Novedades Yucatán tituló acertadamente Lunes negro –durante el cual la guerra por los precios del petróleo entre Rusia y Arabia Saudita (los mayores productores después de Estados Unidos), en el que las bolsas del mundo cayeron estrepitosamente, el peso mexicano se devaluó como hacía años no sucedía y el Covid-19 siguió haciendo de las suyas-, cientos de miles de mexicanas dieron un contundente ejemplo de unidad con su ausencia explosiva de las plazas, las calles, las fábricas, comercios y dependencias de gobierno. Se notó sin duda que hacen falta y son factor económico, político y de cohesión social potente.

Con la magnífica demostración de su poderío como grupo, las mujeres de México hicieron sentir su ausencia como nunca –al menos hasta donde la memoria me alcanza- y más allá de las pérdidas económicas (que el presidente de la Concanaco calcula en más de 30 mil millones de pesos), lanzan un contundente llamado de atención a la sociedad y el gobierno sobre sus justas demandas que no van contra nadie ni tienen banderías políticas sino son a favor de que sean respetadas, las dejen de matar por motivos de género (o por cualquier otro motivo), tengan igualdad de oportunidades salariales y de ascensos en todos los lugares donde se desempeñen y, en resumen, que los hombres no la miren como inferiores.

Felizmente concatenada con la multitudinaria manifestación del domingo 8, Día Internacional de la Mujer, cuando otros cientos de miles en México (en Mérida lo hicieron siete mil) y el mundo salieron a reivindicar su dignidad y su derecho a la igualdad de condiciones con el hombre, las mujeres hicieron valer su poder como lo que son: el 40% de la fuerza laboral en el caso de nuestro país. Hasta aquí, todo a pedir de boca: les salió perfecta la jugada.

Sin embargo, la terca realidad con cara de presidente se les pone enfrente y les dice que -aunque él defiende las causas de la mujer- son personas que lo único que quieren es desestabilizar al gobierno, exhibirlo como enemigo de las reivindicaciones femeninas y, en pocas palabras, hacerlo ver mal. No obstante que en todos los tonos y de todos los modos ya se le hizo ver que nadie quiere tumbar a la Cuarta Transformación ni está en contra de su mandato de innegable legalidad, insiste en que hagan lo que hagan no va a cambiar su estrategia, aunque sigan los feminicidios todos los días. Tarea ingente y penosa la que la sociedad tiene por delante. Ya pasó el lunes 9, ahora lo que sigue es lo más difícil.

Acotación: el domingo 8 cumplí 48 años de periodista. Fue el miércoles 8 de marzo de 1972, a las 2 de la tarde, cuando inicié esta apasionante carrera. En el camino he cosechado muchas satisfacciones y amigos y solo unos cuantos golpes en el alma. Gracias a todos quienes en su momento me hicieron mejor en este oficio. Les debo lo que soy. Mi gratitud a quienes me felicitaron.