15 de Diciembre de 2019

Opinion

El librito de la 4T

El poder de la pluma

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El control de crisis no aplica en la cuarta transformación, porque la cuarta transformación es la crisis viva. Es el claro ejemplo de la gestión consecutiva de altibajos que, vistos en prospectiva, delinean un plan de gobierno.

Ataques múltiples a sectores variopintos son el pan de cada día. Acometidas diurnas contra el enemigo en turno y remates chuscos a los movimientos de cuanto tema flote en el aire de la política nacional.

Administrar el conflicto es la regla. Un conflicto creado de múltiples maneras y con diversos matices. Todo fundamentado por la generación espontánea de negros intereses contrarios al régimen.

Los enemigos son todos porque así lo dice el librito. Los aliados en cambio son los que se eligen por conveniencia -lo cual no está mal-, pero también con una camaleónica doble moral -que sí es terrible- y que les sirve además como evangelio.

No se puede esperar una crisis en el gobierno, porque ésta no llegará. La narrativa apunta a la maquinación de muchos problemas -algunos auto generados- para dar combustible a las decisiones y legitimar posiciones frente a la ciudadanía.

Siempre habrá un tema nuevo, más escandaloso, más llamativo. Con el que se opaque al anterior y se logre, al mismo tiempo, navegar con cierto control en el mar de la opinión pública.

La polarización es tierra fértil para los mensajeros de desidias. Desde el púlpito se soslaya a los que piensan diferente, y también desde esa posición de privilegio y poder se procura hacer más grande la zanja entre los mexicanos.

Así la crisis es plan de gobierno y estrategia de control. Una cartelera que deslumbra y entretiene, pero que posiblemente esconde la escasez de visión, alcance y objetivos.

Frente a ello está México, un país dividido por los adjetivos que vienen de todas direcciones. Los de allá contra los de acá, ellos contra nosotros. Y al final, pese a todo, lo importante es transitar hacia la unidad. El pueblo somos todos.

ENTRE TELONES. La marcha del 1 de diciembre es una valiente expresión ciudadana que hace eco del legítimo derecho a disentir, a no estar de acuerdo. De esas voces saldrán los contrapesos que el país necesita, al tiempo.

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