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Justo el día en que el gobierno federal anunció triunfante las acciones de lo que será la “nueva normalidad”, las cifras de muertos, entubados y casos positivos registraron un alza sin precedentes, lo que coloca a la semana pasada como la más complicada que ha tenido México por la epidemia de Covid-19.

Cautela es una actitud recurrente hoy entre los mexicanos, pues ante el escenario de incertidumbre sobre lo que viene, 3 a 1 apoyan que las medidas de aislamiento continúen. Así lo muestra la última encuesta de El Financiero, donde un 73 por ciento de los entrevistados considera que no es momento de confiarse y, en cambio, debemos seguir con las restricciones.

Mientras tanto, las autoridades federales insisten en que la curva se ha aplanado, la curva de contagios, pero también la de la verdad. Y es que resulta sorprendente cómo la confianza de la gente respecto a las cifras oficiales sufre su peor momento de falta de credibilidad.

Para colmo, el mal chiste corrió a cargo, nada más y nada menos, que del secretario de Salud, Jorge Alcocer, quien en medio de un lapsus brutus dijo en plena conferencia mañanera que nuestro país entraba a la “nueva mortalidad”.

No se hicieron esperar las críticas, que se acumulan junto a los constantes cuestionamientos sobre la precaria cantidad de pruebas para detectar Covid-19 que se han realizado en México. Cuando usted lea esto, México habrá superado a China en decesos por Coronavirus.

Digo que se ha aplanado la curva de la verdad porque hoy no se sabe a ciencia cierta cuántos son los contagiados y de qué tamaño es la pandemia en territorio nacional. Lo único cierto es que los hospitales se saturan a una velocidad desconcertante y que los servicios funerarios acusan el estrés y la sobrecarga provocados por muchas defunciones atípicas.

Por lo anunciado, el regreso de actividades será escalonado y dependerá de un semáforo para el nivel de alerta en cada municipio del país. Desde esta lógica hay zonas en las que resulta improcedente bajo cualquier circunstancia iniciar actividades el 1 de junio. México vislumbra un escenario de reactivación económica que es urgente, sin embargo pasa por el pico más alto de la enfermedad. El país tardó más de 50 días en llegar a este punto, la pregunta es cuántos meses difíciles hay por delante.