20 de Septiembre de 2019

Opinion

Trabajo de campo, etnografía y lenguas indígenas

El poder de la pluma

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La lengua de la comunidad a estudiar es un elemento fundamental en el trabajo de campo de corte cualitativo en las ciencias sociales y las humanidades. La interrelación es más horizontal cuando entrevistador y entrevistado pueden comunicarse cara a cara en el mismo idioma, comparten códigos lingüísticos y no se presentan diferencias entre éstos.

A fines de los 50, antropólogos mexicanos y estadounidenses recalcaban la importancia de formar profesionales que conocieran la lengua y la cultura originaria para trabajar en contextos indígenas. La lengua es una radiografía de la cultura y la mejor forma de conocer la cultura del otro.

Desde hace más de 80 años, la península yucateca ha sido privilegiada por antropólogos nacionales y extranjeros para hacer estudios, principalmente en el sur y oriente de Yucatán, la zona central de Quintana Roo y los Chenes en Campeche, regiones donde hay una mayor concentración de población maya.

Los casi 800 mil maya hablantes en la península nos revelan la importancia que aún tiene esta lengua como medio de comunicación y como elemento de identidad. No obstante, ésta ha sido poco valorada en el ámbito de las ciencias sociales como herramienta clave durante el trabajo de campo para recopilar, registrar material de primera mano y analizar los procesos culturales. Abundan escritos etnográficos de contextos indígenas sobre salud-enfermedad, agricultura, fiestas religiosas, educación, rituales agrarios y aspectos etnolingüísticos en español, y no en la lengua materna de los informantes.

En el pueblo maya peninsular, aunque predominan los individuos bilingües, una gran proporción aprendió el español como segunda lengua y muchas veces lo maneja solo de manera instrumental. Aunque también existen individuos cabalmente bilingües, que se manejan cómodamente en ambos idiomas y pueden fungir como un puente cultural entre la población y el investigador; por otro lado están aquellos personajes o “cronistas” que tienen la tarea de la vinculación con el exterior, y que se desempeñan como informantes clave. El problema es que estos estudios llegan a establecer generalizaciones a partir de la profundización de un caso.

El desconocimiento de la lengua representa un dilema, lo que ha llevado a algunos investigadores a aprenderla o, en su defecto, a buscar ayuda de traductores. Existen temas que al captarse en la lengua de los informantes ofrecen una mayor riqueza, de lo contrario -con un español limitado- se corre el riesgo de realizar descripciones e interpretaciones sin profundidad y conclusiones erradas.

Lamentablemente no siempre se cuenta con la posibilidad de aprender la lengua de la comunidad con la que se trabaja, lo que puede entorpecer la comunicación o hacerla menos fluida. Existen otros métodos que habría que reconsiderar para obtener información primaria: a través de intérpretes, de la grabación, la transcripción y traducción para llegar a análisis más detallados y una mejor comprensión del discurso interno de la comunidad o grupo de estudio, aunque esto implique más inversión de tiempo, dinero y esfuerzo.

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