El envejecimiento entre los mayas

Miguel Güémez Pineda: El envejecimiento entre los mayas

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Los significados de ser viejo(a) cambian de una sociedad a otra según la época; el proceso mismo de envejecimiento ha sido interpretado de formas diversas dependiendo del contexto social e histórico en el cual se analiza. Asimismo, cada grupo social establece su propia definición de edad que obedece, no solo a factores biológicos, sino también anímicos y conductas sociales. En otras palabras, hay que entender esta etapa en el ciclo de vida del ser humano como un hecho no solo biológico, sino fuertemente determinado por la cultura. 

En Mesoamérica, y especialmente en el área maya, según historiadores y arqueólogos, los ancianos tuvieron un papel de suma importancia en el ámbito social, político, religioso, eran muy respetados, incluso venerados. Las representaciones iconográficas del periodo preclásico al posclásico nos muestran al anciano como un sabio que ocupaba un lugar preponderante en el pensamiento de los pueblos mayas, que conocían y trasmitían la verdad; además solían ser padres de los dioses, y eran quienes otorgaban el poder. 

Sin embargo, esta visión idílica de la vejez no es tan marcada en las fuentes y diccionarios del periodo colonial que nos ofrecen una perspectiva más acorde con la época contemporánea. En el Diccionario Maya Cordemex (que incluye fuentes de todo el periodo colonial y algunas contemporáneas) hallamos cerca de cincuenta expresiones para describir el proceso biológico del envejecimiento, el estatus social y el rol que desempeñaban los viejos en la sociedad maya, sus saberes, y experiencias de vida; sirvan de ejemplo: noh winik para referir a un hombre de mucha edad, viejo; ix noh winik era la mujer de muchos años, vieja, honrada. Si el individuo era viejo, arrugado y encorvado se denominaba k’ak’al nuxib; y con ah ek’-bate si es viejo y no tenía pelo blanco en la cabeza o en la barba. Otros términos describen el cuerpo que siendo lozano se ha arrugado; kokolo’ots’ ich (Lit. rostro envejecido, arrugado, surcado). 

La locución noh xib refería al viejo de cincuenta años en adelante, y que empleaban algunas indias para llamar recatadamente a sus maridos; e ix-nuk para nombrar a la mujer de cincuenta años para arriba. Llama la atención estas dos entradas que nos indican la edad de cincuenta como preámbulo de la vejez. La esperanza de vida en aquellos tiempos era menor, por lo que se consideraba vieja a una persona en edades más tempranas que hoy día. 

El proceso de envejecer se describía con uchben-hal (de úuchben, antiguo, grande en edad y el morfema verbalizador -hal). Así, nuxib-hal es hacerse mayor o envejecerse el varón; e ix nuk-hal, envejecer la mujer.

Pero también los valores y los significados de la vejez eran relativos y flexibles y correspondían a concepciones, capacidades o logros alcanzados por las personas. Los más ancianos del pueblo se denominaban con la expresión noh xib kaabo’ob / u nukil winiko’ob los mayores principales y más ancianos del pueblo en edad y dignidad. Se usaba ah-k’ilil kaab o ah-k’il kaabil (de k’il generación por ascendencia) para referirse a los antiguos moradores de un pueblo, los ancianos por los antepasados. K’ilis winik era el hombre prolífero, viejo rico o de mucha familia. Con nuxib dzul, hacían referencia al gran señor, anciano y respetable por su edad. El vocablo k’ilis winikil refiere a la ancianidad.

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