11 de Diciembre de 2018

Opinion

Esforcémonos más para reconocer los derechos humanos de la mujer maya

El Poder de la pluma

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Tarea especial para los defensores de los derechos humanos es dar a las mujeres que integran los pueblos originarios, en el caso de Yucatán, la etnia maya, lo que en justicia les corresponde en cuanto al respeto a sus prerrogativas fundamentales.

La mujer constituye un grupo vulnerable, que, de acuerdo con la definición de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables de la Cámara de Diputados es: Persona o grupo que por sus características de desventaja por edad, sexo, estado civil, nivel educativo, origen étnico, situación o condición física y/o mental, requieren de un esfuerzo adicional para incorporarse al desarrollo y a la convivencia.

Las mujeres mayas, dado que la etnia maya es un grupo vulnerable, podría considerarse que sufren doblemente la violación a sus derechos fundamentales.

En busca de acciones que ayuden a hacer justicia llana y simple en este contexto, realizamos, conjuntamente con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el foro Los derechos humanos de las adolescentes indígenas. Agradezco en todo lo que vale el apoyo del Ayuntamiento de Mérida para llevar a cabo este evento, así como a la CNDH y a su cuarta visitadora Eréndira Cruz Villegas Fuentes.

En el tema de la justicia para las adolescentes participó Santiago Altamirano Escalante, magistrado de la Sala Unitaria de Justicia para Adolescentes del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Yucatán; con otros temas, la escritora Sol Ceh Moo, maestra en derechos humanos; Adriana Rebollo Nucamendi, fiscal de adolescentes de la Fiscalía General de Chiapas; Geli Marisol Collí Collí, adolescente indígena de la Comisaría de Chicán, del municipio de Tixméhuac, y quien es sordomuda y tuvo el apoyo del intérprete de lenguaje de señas José Audomaro Collí Collí. También participó Ramón Martínez Coria, presidente de la asociación Foro para el Desarrollo Sustentable.

Un ejemplo incomparable de lo que es posible hacer con esfuerzo y buena voluntad es el lenguaje de señas propio que han logrado las personas sordomudas de la comunidad de Chicán que, desde su mundo de silencio, irrumpieron en el intercambio de ideas para mejorar el entorno de la mujer maya y nos enseñaron a darles una ovación callada, si el término cabe cuando, con las manos en alto y girándolas sin cesar, aplaudimos su esfuerzo y participación. ¡Admirable!

La conclusión del Foro, acorde con los criterios de los participantes, es que se ha avanzado bastante en el camino del reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres mayas, pero falta más, mucho más por hacer.
El tramo que nos falta es posible recorrerlo con el esfuerzo de todas y de todos.

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