22 de Septiembre de 2019

Opinion

Salvador Elizondo y la revista S.Nob

El poder de la pluma

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Algunas publicaciones mexicanas donde la crítica y el periodismo cultural han tenido cabida no han corrido con suerte, pero han marcado de tal manera el ámbito editorial, que incluso hoy en día se les recuerda como parteaguas dentro de los esfuerzos encaminados a crear verdaderos objetos artísticos y no solo publicaciones periódicas con contenidos fugaces. Tal es el caso de S.Nob, que fue conceptualizada y dirigida por el escritor Salvador Elizondo.

Figuras canónicas de la generación llamada de La Casa del Lago, de Medio Siglo o grupo de la Revista Mexicana de Literatura e incluso de La Ruptura, como el propio Elizondo, Ibargüengoitia, García Ponce, García Ascot, Juan Manuel Torres, Alvaro Mutis, Alberto Gironella y Tomás Segovia, son quienes desde el primer número nos recuerdan que la palabra “snob” tiene variadas connotaciones, pero sobre todo la de “Sin Nobleza”.

Lo anterior se corresponde con la vena irreverente que predominó en la revista, siendo el antecedente de lo que en la década de los sesenta habría de conocerse como “contracultura”. Creada en 1962, S.Nob publicó siete números, en los que integraba cuentos, fragmentos de novelas, ensayos, notas chuscas, reseñas de libros y críticas de cine, música, etc. Según el Diccionario Mexicano de Literatura, los primeros seis números se hicieron con el patrocinio del productor de cine Gustavo Alatriste y el séptimo con el subsidio del británico Edward James, el excéntrico mecenas y coleccionista de arte que erigió las construcciones surrealistas de Las Pozas de Xilitla.

Con Salvador Elizondo en la dirección editorial, la revista tuvo como director artístico a Juan García Ponce y como subdirector a Emilio García Riera, para conformar un equipo de colaboradores encabezado por Jorge Ibargüengoitia, Tomás Segovia, José de la Colina, Juan Vicente Melo, Alejandro Jodorowski, Luis Guillermo Piazza y Leonora Carrington, quienes publicaron un total de siete números sobre temas diversos (desde medicina hasta pintura y escatología), crítica e información actualizada sobre cine, curiosidades intelectuales, dibujos, recetas cómicas de cocina, divertimentos y collages con caricaturas de los propios miembros de la revista, titulados “Iconocraphia S.Nobarum”.

Aunque cada una fue diferente, la revista estuvo compuesta por secciones fijas. En casi todos los números se publicaron textos de ficción y fragmentos de novelas por entregas. Los ensayos sobre literatura y artes plásticas se combinan con artículos sobre criminología, coprofagia, enfermedades venéreas y escatología; también incluía traducciones de escritores norteamericanos y europeos.

Para el narrador Antonio Ortuño, la publicación era una “especie de coctel de mala leche y bellas artes”, siendo “como un escupitajo contra el tedio cultural de los años sesenta, dominados por el discurso ultranacionalista y el más huero panfletarismo político”. El tono humorístico y lúdico caracterizó a la publicación, puesto que incluso se promovía como una revista con periodicidad hebdomadaria, ambición que a la postre resultaría ser motivo de su fracaso.

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