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El 1 de enero de 1970 muere Carlos Denegri de un balazo en la cabeza que le dio su esposa Linda Denegri; con ese acto acabó con la vida del periodista y vocero de 27 años de regímenes priistas, y no sólo eso, también puso fin a una larga cadena de humillaciones, agresiones y cientos de chantajes que colocaron a ese oscuro personaje en el círculo íntimo del poder. Entre 1940 y 1967 Carlos P. Denegri consolidó su fama de líder de opinión a través de sus columnas en el periódico Excélsior y su programa en Televisa, en donde tuvo notoriedad gracias a sus reportajes internacionales sobre las guerras civiles y entrevistas a mandatarios clave de la política mundial.

El libro El Vendedor de Silencio de Enrique Serna explora la personalidad autodestructiva de Denegri: su misoginia, alcoholismo, la brutalidad para tratar a las mujeres (como aquella empleada que arrastró amarrada a su caballo por una supuesta infidelidad contra el jardinero), su propensión a humillar públicamente a sus esposas y su evidente enriquecimiento a través de su cercanía con personajes oscuros de la política (como los siniestros Maximino Ávila Camacho y Jorge Pasquel) y el legado, bueno o malo, que iba dejándole a dos polos opuestos del periodismo: Jacobo Zabludovsky y Julio Scherer García.

Ese libro, además de desentrañar la personalidad y heridas psicológicas en Denegri, reconstruye el contexto que dio vida a varias prácticas del periodismo que aún persisten: chantaje, censura, notas pagadas. Reconocido por Scherer como “el mejor y más vil de los reporteros”, Denegri convirtió su archivo periodístico, compuesto por investigaciones de fraudes e infidelidades de políticos y magnates, en una mina de oro, porque el silencio que guardó le representó una gran fortuna en extorsiones.

Bajo la premisa de que un reportero vale por el tamaño de su archivo, Denegri lo utilizó para construir poder e influencia. Además, muchos políticos le temían porque una palabra suya o una nota negativa eran motivo de despido. Esa influencia, amparada por la simpatía del presidente en turno, le permitió convertir su columna Fichero Político en el oráculo que leían los integrantes del gabinete, los aspirantes a un cargo político y los adversarios del régimen. En ese espacio (donde se cobraba cada nombre mencionado) el presidente decía quién estaba dentro o fuera de su línea, vertía sus amenazas a sus adversarios (como la insinuación de la futura represión militar contra el movimiento estudiantil del 68) o confirmaba o retiraba la bendición a los suspirantes a un cargo.

Carlos Denegri fundó una escuela de periodismo, muy a su personal manera, ya que, pese a sus malas prácticas, muchos reconocieron su talento para entrevistar, su “olfato” para percibir la noticia así como su ingenio para transformar cualquier ámbito del poder en un negocio rentable. En la siguiente entrega hablaremos sobre la relación del poder y la prensa, las dádivas a los reporteros y los pagos por publicidad como un mecanismo de censura periodística.