21 de Julio de 2019

Opinion

Seres filantrópicos

El poder de la pluma

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El aislamiento, el desinterés y la lejanía parece que se han convertido en regla que impide acciones altruistas de los seres humanos; no se trata de temas exclusivamente de índole económica, la visión del altruismo debiera verse con una mira más amplia, que alcance aquellos aspectos humanos que no son atendidos con insumos materiales, pero que sin embargo tienen total influencia en la condición anímica de la persona.

Las cosas que le suceden al ser humano requieren de una atención integral, que abarque aquellos aspectos que muchas veces quedan a la deriva; por ejemplo allí tenemos aquella situación de una persona que por decisiones equivocadas se lanza a los brazos del abandono de su persona, esto con motivo de cualquier afectación emocional que no pudo o no tuvo la posibilidad de superar.

Es así como nos encontramos, en distintos escenarios citadinos, una variedad de situaciones sociales que, en su momento, podrían haberse atendido; allí vemos a los menores de edad vendiendo golosinas o al malabarista que toma la calle para convertir aquel espacio en su escenario. Tales ejemplos no pretenden estigmatizar ninguna actividad, mucho menos señalarla como algo pernicioso, tan solo se trata de abrir la mente para ver el origen de las distintas circunstancias que encontraron o pudieron encontrar en algún punto del camino caldo de cultivo para desarrollarse en esos escenarios.

En tal realidad es como podríamos -visualizando de forma hipotética- trasladarnos a una escena en la que tenemos a la vista a un niño que no rebasa los cinco años de edad estirando la mano con una cajita de chicles, misma que ofrece para que se adquiera una pieza, pretendiendo obtener a través de esta acción algo de recursos. Este suceso seguramente se repite en distintos escenarios urbanos de nuestro estado y país, sin embargo la adquisición de aquel producto no resolvería el problema de fondo, ya que atrás de esta persona seguramente podremos encontrar una variedad de indicadores que pudieron detectarse durante ese proceso hasta el momento en que ese niño salió a la calle a realizar tal actividad. La filantropía debe encontrar en la actualidad camino fértil para reiniciar aquellas acciones cercanas que antaño se multiplicaban de forma natural, casi sin necesidad de fomentarlas; eran parte de la actividad diaria de los seres humanos, con el vecino, con el amigo, con el conocido o hasta con aquel ser errante que no encontraba camino o hasta motivo a su vida.

Como sabiamente define la Real Academia Española, la filantropía es el amor al género humano; sin duda los alcances de tal definición devienen desde aquel momento en el que nos distinguimos o distanciamos de las demás especies del reino animal, esto fue a partir del razonamiento, del uso de la razón.

La visión con la que se mira filantrópicamente en este texto ¿debería tener los alcances planteados, o ya la realidad es que apreciamos a nuestros iguales sin distinción?

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