|

Algún día todavía sin calendario el agua potable, apta para la vida, se va a acabar; entonces, según la leyenda, la gente andará desesperada buscando este preciado líquido, y no lo va a encontrar en ningún lugar. Solo existirá agua en el cenote de Maní, porque este lugar es el ombligo del universo.

En la entrada del cenote se encontrará una anciana dueña del lugar, nadie, por muy osado que sea, se atreverá a ingresar y mucho menos intentará tomar un poco del líquido. ¿La razón? La mujer tiene como compañía a una enorme serpiente alada “Canícula”, que se alimenta de carne tierna y fresca. El que quiera una cáscara de cocoyol con agua pagará con un niño menor de un año que se convertirá en el alimento de la sierpe, que además es hija de la anciana poderosa. Muchas madres entregarán a sus hijos acuciadas por el deseo ferviente de un poco de agua para saciar el infierno de la sed.

He citado este mito para ejemplificar los movimientos pacíficos o violentos que se vuelven cada día más frecuente en relación con el agua. Nosotros los peninsulares no nos hemos percatado de esto, porque, aunque no de buena calidad, contamos con mantos acuíferos que nos proveen del agua suficiente para nuestras necesidades primarias. Pero no en todas las coordenadas tienen la suerte de nosotros. Algunos analistas afirman que la tercera guerra mundial no será por la posesión del petróleo, no, tendrá como protagonista al agua. Allí como dato histórico se encuentra la llamada Guerra del Agua en Bolivia, provocada por la privatización del líquido en la ciudad de Cochabamba; los actos de rebeldía por parte de la población dieron tema a la película medio ambiental

También la lluvia, en donde se denuncia el papel de las industrias transnacionales en el apropiamiento de los recursos hídricos que se han convertido en un pastel de tres leches al que desean meterle los dientes.

La resistencia tenaz que realizan los pueblos indígenas de la comarca obliga a un replanteamiento sobre el uso comunal y colectivo del agua; la bandera de lucha era que no volviera a repetirse el robo que en la época colonial habían realizado los invasores europeos del oro y las tierras de los aborígenes.

En el país existen zonas de conflictos por el agua, una de ellas es Chihuahua. Exactamente en las tierras de los mormones (LeBaron) y los campesinos de la zona, el enfrentamiento ha costado vidas; en el estado de Sonora, donde los yaquis asentados a las orillas del río del mismo nombre mantienen una lucha de años contra el gobierno estatal por el proyecto Acueducto Independencia que ha mermado el afluente del recurso hídrico del río en perjuicio de los miembros de esta tribu que mantiene su cosmovisión ligada a este afluente natural (Continuara).