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No existe figura femenina más enigmática dentro de la literatura nacional que Susana San Juan, personaje de la novela Pedro Páramo de Rulfo. Escrita en una época fuera de los acotamientos del pensamiento feminista, por esta circunstancia el autor entró sin impedimentos quirúrgicos ideológicos en el alma misma de la mujer atrapada en su soledad, frustración, fracaso y otros efectos colaterales producidos por un amor del pasado.

Existen demasiadas evidencias de la supremacía de Susana San Juan sobre los otros personajes que desfilan en esta obra literaria de renombre e interés para todo lector. La única novela de Rulfo, escrita en fechas cuando las mujeres apenas si eran nombradas como ciudadanas con derechos de elección en teoría, y la figura patriarcal de los caciques se imponía en todas las comarcas, donde ellos, “los mejores machos”, eran los dueños de la vida y la muerte, Páramo, el patriarca, lo tenía todo, menos el amor de Susana San Juan y en eso finca su derrota de hombre acostumbrado a mandar por obra del poder de su palabra.

Susana es mujer de Bartolomé San Juan, su padre biológico, y ambos buscan, más que los tesoros ocultos de la tierra, un lugar en donde el incesto y la promiscuidad no sean conocidos, y la mejor forma de lavar sus angustias es encaminarse a la locura. Esta pérdida de la razón le evitará ser poseída por completo por el hombre que la había amado desde la infancia y del que era el estímulo para sus masturbaciones de puberto.

No existe duda, Pedro la amaba de tal manera que su energía de cacique se nutría en ese amor sin límite, pero imposible de concretarse. “Miraba caer las gotas iluminadas por los relámpagos, y cada vez que respiraba suspiraba, y cada vez que pensaba, pensaba en ti, Susana”, decía Páramo.

La obsesión por ese amor que tiene represas y no logra alcanzar el cacique lo exaspera de tal manera que esa forma de amar crece destruyendo todo su andamiaje de hombre de poder; ni la muerte, ordenada por él, de Bartolomé lo sosiega. Cuando el único hombre que entraba en todo momento en las neuronas es desaparecido “accidentalmente”, Susana se encontraba en ruinas. Su obsesión febril se ubica en Florencio, al que relaciona con el sol y el mar. En ese mundo de obsesiones por el ser amado se empieza a despedazar Pedro Páramo, el poder se corrompe a merced de la ansiedad y el desasosiego.

Cuando Susana San Juan muere, fallece la mujer a la que más había amado en su vida. Páramo se convierte en un cadáver viviente, cargando un duelo sin resilencias. “Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre”, dice y así lo hizo.

Leer esta obra desde la visión de Susana San Juan es una experiencia que provocará volver a leerla desde los ojos de todos los personajes que se mueven en ese mundo de “murmullos”.