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El pasado y el presente se han encargado de demostrarnos que la barbarie humana está lejos de mitigarse, pero no sólo eso, sino que cada vez se transforma y revoluciona para arrasar con todo a su paso.

Son varios los episodios como humanidad en los que hemos sido testigos a través de los libros y de las vivencias de la barbarie que se intensifica, que mata, que causa dolor, que mutila. El nazismo es una clara muestra de ello, donde la mayoría nos imaginamos a hombres ejecutando a civiles, a niños, a mujeres, embarazadas o no, ancianos, y es sorprendente cuando la realidad nos golpea de manera certera y nos hace darnos cuenta que ante aquel genocidio indiscriminado, antijudío, jugaron un rol importante las mujeres enroladas en el partido Nacional Socialista liderado por Hitler, hasta ahora el más grande depredador de la historia humana.

“Asesinas Nazis. Las Brujas de Hitler” (2019), es un libro de Daniel Krowitz, en el que plasma las historias, motivos y la psicología que llevó a estas mujeres a cometer actos tan atroces como deleznables. Como dice Denis Diderot: “Del fanatismo a la barbarie sólo media un paso”, las mujeres en esta posición estaban sumergidas, endiosadas con la personalidad y discurso de Hitler, las cuales no concebían un mundo fuera del nazismo.

Ilse Koch fue supervisora del campo de exterminio de Buchenwald y fue considerada de las más crueles que dirigían el lugar, junto con su marido Karl Otto Koch, se decía que eran: “capaces de grandes atrocidades y amantes de fetiches, como su adicción a artículos elaborados con piel humana, en especial con tatuajes, lámparas y bolsos que se encontraron en su colección privada…”.

Lo peor de todo, es que la “Bruja de Buchenwald”, como se le conocía, no lo hacía porque le pagaran, sino por el profundo placer de provocar dolor, y cada vez descubría nuevas formas así como técnicas de castigo y tortura. A esto se le incluye perversión, orgías, que llevaba a cabo con los presos de dicho campo cuyo género le era indistinto.

Terminaría con una cadena perpetua y al no soportar vivir en cautiverio decide suicidarse por medio del ahorcamiento, dejando una pequeña nota donde se leía: “No hay otra salida para mí, la muerte es la única liberación”.

Por otro lado, también se menciona a otra mujer, la cual fue catalogada como una asesina fría y calculadora de nombre Irma Grese, alemana de nacimiento y ferviente seguidora de Adolf Hitler. Al no poder dedicarse a la enfermería por ser menor de edad; tras el pasado del tiempo llega al campo de concentración de Ravensbrück en donde se convirtió en la administradora, pero al pasar de los días sería transferida a Auschwitz, donde fungiría como guardia femenina, así como ayudante del doctor Mengele (Ángel de la muerte), en cuanto a la selección de candidatas para los experimentos atroces.

“Grese gustaba de azotar su fusta en los senos a jóvenes bien dotadas, con el objeto de que las heridas se infectaran. Cuando esto ocurría, yo tenía que ordenar la amputación del pecho, que se realizaba sin anestesia. Entonces ella se excitaba sexualmente con el sufrimiento de la mujer”, señala Gisella Pearl, médica de los prisioneros.

No cabe duda que la maldad humana no tiene límites y que aunque se conozca la historia, muchos están dispuestos a repetirla y pervertirla para saciar sus demonios internos en nombre de la política, religión, economía, etc.

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