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El primero al que le soltaron la correa fue el Secretario de Gobernación, cuando hace algunos meses el paisano del Presidente se inventó una gira para visitar todos los Congresos del país. A la distancia, podría decirse que el veneno que quiso inocular Adán Augusto López con aquellas actividades le duró lo mismo que una bolsa de chinampinas.

Después llegó el turno a Claudia Sheinbaum, quien tapizó el país con sus carteles, perdón, con carteles que dice que no son de ella pero que sí son de ella. Y lo mismo le pasó: con tantos flancos abiertos, la doctora nomás no sale de una cuando ya se le abrió otra fisura en la agenda.

Mientras tanto, el gentleman de los suspirantes se mantuvo en espera de una señal de aprobación. Fiel a su estilo, Marcelo Ebrard se sentó calladito hasta que llegara el momento propicio. Con luz verde, ahora está por iniciar su ofensiva con miras a la grande. Los enterados del caso señalan que en cuestión de días el warroom de “Marchelo” estará al rojo vivo con la estrategia de posicionamiento al tope.

Al canciller parece no incomodar la intempestiva campaña de Claudia, pues considera que los tiempos le favorecen a él, caballo que alcanza gana, dice a voz en pecho. El también ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México sabe que los escándalos del Metro de la CdMx no lo salpicaron y eso lo hace envalentonarse.

En la carrera oficial de Morena para conocer quién será el o la elegida, todo puede suceder. Los fanáticos se van de bruces con aquello de que Sheibaum ya tiene la bendición, a ver qué opinan en breve cuando vean a Ebrard subirse al escenario.

Calladito ha permanecido Marcelo, esperando el momento justo. Se ha dedicado por meses a tejer fino, a dialogar y sumar a los duros, no solo de Morena, sino también de otros partidos. Eso es algo que, de los suspirantes oficiales, sólo él puede hacer y quién no lo crea, parece que se ha perdido la mitad de la película.

Los hombres de negocios ven con buenos ojos a Ebrard, consideran que es la carta más equilibrada. Sin las pasiones de Adán Augusto ni el servilismo de Claudia, así venden sus voceros al canciller entre las cúpulas de decisión.

Ante la crisis multifactorial que se vive en México, no son pocos los que ven en Marcelo a un político con las tablas para encabezar al oficialismo sin que eso signifique claudicar para ser un mero títere del obradorismo.

En el equipo de Sheinbaum aún no han podido leer la estrategia de su competidor más peligroso, han tendido puentes para proponer una alianza en la que la candidatura sea encabezada por Claudia. Sin mediar explicaciones la respuesta siempre ha sido la misma: no hay alianza…, y si quieren una candidatura de unidad tendría que ser con las iniciales M.E. al frente. Al tiempo.

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