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Estos últimos tiempos han sido propicios para enriquecer la vida interior, proporcionando una inmejorable oportunidad para que nosotros como lectores encontremos solaz en las empolvadas estanterías del hogar, rescatando libros que teníamos pendientes en el inmisericorde olvido. En mi caso, me he propuesto reseñar un par de obras propias de la literatura francesa del Siglo XX:

“La cruzada de los niños”, de Marcel Schwob. Esta perturbadora serie de monólogos basados en hechos reales y ficticios acontecidos en 1212, cuando miles de niños de Francia y Alemania emprendieron el camino a Jerusalén siguiendo la voluntad de Jesús. Algunos murieron de hambre y otros lograron embarcarse; sin embargo, perecieron ahogados, aunque en realidad la mayoría fueron vendidos como esclavos a los mercaderes. Ninguno llegó a Tierra Santa...

En 1895, el escritor francés de origen judío narró este mismo hecho a partir de 8 puntos de vista diferentes, donde nos adentramos en los pensamientos de los testigos y los protagonistas de esta cruzada infantil que, posteriormente, inspiró la leyenda del flautista de Hamelin y no pocas obras literarias, como “Matadero 5”, de Kurt Vonnegut, y “El barco de los niños”, de Vargas Llosa. Entonces como ahora, los creyentes eran un rebaño de sordos, ciegos y mudos que buscando la fe encontraron su fatídico destino.

“Irene”, de autor anónimo. De este libro Huberto Batis dijo que “Irene es literatura de gran calidad y es erotismo de gran calidad y pornografía de gran calidad...”. Pero realmente no me pareció una nouvelle erótica, sino francamente pornográfica y escatológica, con momentos de gran lirismo y lenguaje barroco, en contraste con otros pasajes explícitos y nada sutiles, lo cual termina conformando un relato irregular, que ha sido alabado por escritores franceses como Albert Camus y André Pieyre de Mandiargues.

Se le ha llamado la gran revelación erótica de la literatura surrealista, ya que fue publicado en 1928, aunque a mi juicio es una obra menor, seguramente impactante en su tiempo. Lo que no puedo negar es que me encantan los libros de la extinta editorial Premiá, con colecciones como La red de Jonás, La nave de los locos y Los brazos de Lucas, siendo esta última dedicada al erotismo. Les comparto un pasaje de los más logrados de este libro:

“No me despierten, cochinos, con un demonio, no me despierten; cuidado, que muerdo, que veo todo rojo. Qué horror; además, el día, aún la perrería, la inestabilidad, la agrura. Quiero volver al mar ciego; basta de relámpagos ¿qué son estas tormentas continuas?, ¿quieren que viva la vida del trueno? me han puesto láminas en vez de orejas, estalla el grisú; cada vez que respira mi pecho se escabullen mis mineros por galerías de angustia; explota, explota a más no poder. Pero no es el día, es dinamita. Clavan espadas en mis párpados, hunden dedos en mi garganta, me restriegan el pellejo con cascajos del despertar. No me arranquen las uñas; metida en el mantillo de los sueños está mi carne pegada a la sombra; la noche está en mi boca, mi sangre no quiere correr. Estoy dormido, carajo, estoy dormido.”