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UNA MERIDANA CAPITAL. En su primera plana y como noticia principal, un diario de esta región publicó la siguiente noticia: “El mayor rezago educativo está en la periferia de la capital meridana”. La duda nos asalta. Mérida es la capital del estado de Yucatán, pero, ¿cuál es la capital meridana?

La Blanca Mérida no tiene capital, el redactor ha escrito algo que no constituye un vicio del idioma; pero, sí, inadvertidamente, ha cometido una inexactitud en el manejo del lenguaje, es un verdadero gazapo. La redacción correcta de ese epígrafe sería: El mayor rezago educativo está en la periferia meridana.

Como hemos dicho muchas veces, estas equivocaciones son muy comunes en las redacciones de los periódicos. Son ocasionadas por las prisas para terminar la edición del día, pues urge enviarla a los talleres para su impresión en papel y, así, los ejemplares de ese diario pueden salir a la calle en las primeras horas de la mañana.

Lista para la faena de hoy, la honda lanza con fuerza un guijarro hacia la “capital meridana”, cae el gazapo y lo guardamos en la buchaca.

AL MENOS UNA PERSONA. Una antigua publicación diaria de esta península informa: “Periodista muere tras recibir un tiro. Le dispararon dos sujetos en moto, en Cuernavaca ”.

Al leer el cuerpo de la noticia un párrafo llama nuestra atención: “De acuerdo con las investigaciones preliminares, al menos una persona participó en el ataque al periodista, según precisó el Ministerio Público”.

En esa repudiable agresión necesariamente tuvo que participar cuando menos una persona. De lo contrario, si nadie hubiera participado en la agresión, el periodista no habría fallecido; el hombre estaría, como se dice en el lenguaje popular, “vivito y coleando”.

Esta vez el órgano encargado de la investigación de delitos contraviene de manera inadvertida (comete un gazapo) el uso del idioma, aunque no incurra en un vicio del lenguaje. Esperamos que haya resultados exitosos en la averiguación de esos lamentables hechos delictivos y, en su caso, que el informe de la autoridad ministerial sea claro y muy exacto en el manejo de la lengua de Castilla.

La resortera salta de nuevo y provista de un buen pedrusco dispara con fuerza contra el gazapo ministerial. Presa de convulsiones, la víctima cae a nuestros pies y en breves instantes queda inmóvil. La depositamos en el sabucán y concluimos nuestra expedición cinegética en “el proceloso mar de la letra impresa”, como decía don Raúl Prieto, nuestro admirado Nikito Nipongo, en sus gustadas “Perlas Japonesas”.

Hasta el próximo tirahulazo.

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