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Los libros son el perfecto escape durante esta cuarentena. Por ello, en esta entrega de lo que me ha dado por llamar “Diario de un lector”, me propongo reseñar dos novelas de uno de los autores imprescindibles dentro de la literatura norteamericana contemporánea: Philip Roth (1933-2018).

La visita al maestro: con este libro inicia la saga de Nathan Zuckerman, quien, al igual que David Kepesh, es un personaje que sirve de trasunto o alter ego literario para que Philip Roth continúe explorando sus obsesiones eróticas e intelectuales, todo en el marco de una profunda conciencia judía de la cual intenta liberarse, pues las raíces familiares son ataduras que impiden dedicarse a la llamada religión del arte.

El maestro, E. I. Lonoff, representa esa nueva paternidad que Nathan busca, un escritor y gurú que ha sacrificado sus emociones en aras de su obra, aunque asfixie a su mujer en la rutina de dicho proceso. La novela tiene brillantes diálogos sobre la literatura y la creación, los anhelos y las pasiones sofocadas, no exentos de humor y drama. En esta tragicomedia, Roth se presenta no sólo como el alumno adelantado de grandes escritores judíos como Bernard Malamud e Isaac Bashevis Singer, sino como su auténtico heredero. Una delicia que se lee con el gozo prohibido de querer saber el chisme completo.

El profesor del deseo: esta novela nos cuenta las peripecias de David Kepesh, estudiante universitario que gracias a la beca Guggenheim consigue escapar de su microcosmos ubicado en la ciudad de Newark, donde hasta ese momento ha llevado una vida anodina rodeado de su familia y demás amistades que profesan el judaísmo.

Ya instalado en Inglaterra para realizar una pasantía, comienza sus primeros escarceos en el terreno del amor y el erotismo, estrenándose con dos suizas que lo encuentran atractivo. Con una de ellas sostiene una relación emocional, y con su amiga y compañera de cuarto, la cuestión está más orientada hacia lo puramente sexual. A lo largo de todo un verano, este trío de jóvenes experimenta una sexualidad desbocada, al tiempo que aprovecha para conocer las grandes capitales culturales de Europa.

Pero pronto ocurren las divergencias y el desencanto, provocando que Kepesh casi tire por la borda sus estudios y su carrera como académico de las letras. Entonces decide regresar a su hogar, dejando su idílica vida europea en el pasado. Sin embargo, no consigue olvidar las experiencias obtenidas a lo largo de su viaje. A la larga y con el paso de los años, esto provoca una cierta insatisfacción crónica que se ve materializada en los problemas que atraviesa en su primer matrimonio y, posteriormente, en una nueva relación que aparentemente es la ideal.

No obstante, aunque el profesor de literatura está consciente de que debe madurar y vivir el presente, el conformismo y la resignación se asoman de vez en vez para demostrarle que la melancolía del recuerdo es un pesado fardo que impide la realización amorosa. En este libro, Roth se sumerge en la corriente de pensamiento de su personaje, el cual sirve de excusa para realizar una radiografía de la libido masculina y su rol de género en el siglo XX.