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La crisis económica y de inseguridad son piedras cada vez más grandes en el camino del Gobierno Federal. Porque una cosa es la ampliación de programas sociales de apoyo directo y otra muy distinta que, en términos generales, a los hogares mexicanos les esté yendo bien.

Sin duda, la pandemia fue un duro golpe no solo para las finanzas mexicanas, sino para el mundo entero y, en muchos casos, los efectos adversos aún siguen sin lograr cuantificarse. Y es que más allá de los “números oficiales” hay una medición más certera que cada familia posee y en donde están todas las pérdidas materiales y afectivas que les causó el coronavirus.

Los resultados de sumar al Covid-19 con las malas estrategias gubernamentales en materia económica son, entre muchos otros, la precarización de los empleos, el cierre de negocios, la deserción escolar, el endeudamiento de las familias, la fuga de inversiones y, para decirlo con todas sus letras, el aumento de la pobreza y la marginación.

Hay muchos funcionarios en posiciones de poder que aseguran que esto último se alivia regalando dinero, aunque la realidad les ha ido contestando que esa no es la ruta adecuada. ¿De qué sirve aumentar la base de beneficiarios o los montos de ayuda si la inflación está por los cielos?

El Gobierno se ha cansado de criticar las acciones del pasado, de hablar mal de lo que hicieron otros enfundados en colores distintos al guinda y de menospreciar el mínimo rayo de luz en las cosas que funcionaban solo porque no fueron ellos los impulsores.

Esa ceguera los puede llevar a hundirse en el fango de sus propias palabras, ¿quién iba a decir que esta administración superaría por mucho el número de homicidios registrados en sexenios anteriores?, ¿quién hubiera imaginado que con el obradorismo se anunciaría la pésima prospectiva de que México podría alcanzar el mayor nivel de inflación en casi dos décadas?

El problema no está en criticar lo que hicieron otros, sería hasta extraño que no lo hicieran, sino en la miopía politiquera que se usa para aderezar esos juicios. Desde el primer día escupieron para arriba y ahora están lloviendo malas noticias.

ENTRETELONES

El senador Ricardo Monreal se parece tanto a López Obrador que ya hay quien dice que él es el AMLO de AMLO. Más allá de ser este un piropo, los comentarios ponen el acento en esa línea delgada que a veces se confunde entre aguante, perseverancia y necedad. Al tiempo

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