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La pregunta anterior me llegó de un asiduo lector de esta columna, seguidor de mis participaciones en SIPSE Noticias más Temprano y en Yucatán Habla Claro. Me llamó la atención y siento que mucho ayudaría a revertir fracasos el tener en mano un plan de vida.

Las grandes corporaciones de todo tipo han desarrollado planes de acción de muy largo plazo y han determinado desde ahora qué quieren que ocurra con ellas en el futuro, ajustando su operación y funcionamiento a planes de acción que van más allá de la propia vida de sus directivos.

Las empresas forzosamente necesitan planificar y presupuestar a futuro, pues de no hacerlo, su salida del mercado está más que garantizada. De manera similar, la vida humana debe de operar en forma igual a como lo hace una empresa que tiene planes de corto, mediano y muy largo plazo.

Como personas debemos de saber qué deseamos lograr en el corto, mediano y largo plazo de nuestra vida, pero resulta que a la mayoría de las personas pensar en el futuro no se nos da, pues jamás nos sentamos a reflexionar y tomar decisiones para los años por venir y, por ello, nuestras vidas se vuelven opacas, limitadas en logros y con satisfacciones muy reducidas, por lo tanto, al esperar poco de la vida, poco es lo que la vida nos dará.

Y recibimos poco de la vida porque no planeamos y vivimos al día, casi vegetando, sin saber a dónde dirigir nuestros pasos y nuestras acciones, arrastrando frustraciones, insatisfacciones y fracasos; padeciendo angustias, desesperación, estrés, depresión, histerias, neurosis, jaquecas, colitis y problemas para vivir con solvencia económica y tranquilidad, actuando en forma errática debido a nuestra propia inseguridad, carentes de fe y de esperanza.

Tener un plan de vida ayuda a proyectar y presupuestar nuestra vida en el corto, mediano y largo plazo; contribuye a eliminar la tendencia al fracaso, al comprender cómo funciona y opera nuestra mente y cómo hacer que ésta maniobre en nuestro beneficio.

Un plan de vida nos permite ubicarnos en el aquí y el ahora, y nos proyecta hacia un futuro mejor, nos ayuda a potencializar nuestras fortalezas, reducir o eliminar nuestras debilidades, controlar amenazas externas y a crear y/o a aprovechar oportunidades.

Planificar nuestra vida nos permite identificar y adoptar nuevas estrategias personales de actuación, darle rumbo y sentido a nuestra vida, alcanzar y exceder en menor tiempo y mayor magnitud, anhelos y aspiraciones de logro y de realización.

Un plan de vida se plasma en un documento que será nuestro mapa de vida y nos permitirá vivir, con tranquilidad, solvencia y serenidad, el resto de nuestros días porque “lo que la mente enfoca, la mente provoca”.

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