Leer con los dedos: poder inclusivo
Patricio Carrillo: Leer con los dedos: poder inclusivo.
Cuando hablamos de leer y recomendar, cada una y uno de nosotros podemos enlistar nuestras mejores referencias, porque nos cautivó o porque es algo que la humanidad debe conocer; y es que de verdad esperamos que el fuego de alguna literatura que nos dominó sea artífice para contagiar a otros el “firework” en nuestros adentros. Pero en ocasiones esta pasión literaria que no tiene nada de malo, nos hace olvidar las otras lecturas.
El tres de diciembre se conmemoró el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, lo cual aún con las mejores intenciones como muchos hemos trabajado, ese prefijo de “dis” a muchos les hace pensar que “no” pueden tener acceso a lo que las mal llamadas “personas normales” sí tenemos.
Cuando en 2009 ingresé al voluntariado del Programa Nacional Salas de Lectura (PNSL) todo era maravilloso: mi preparación literaria ya me permitía convivir con el público lector, mi juventud me hacía querer comerme al mundo y, en uno de los primeros acervos del PNSL, me llegó un libro en cuya portada había un barco; el libro en general estaba lleno de “puntitos”. Y entonces conoces el mundo.
Actualmente hay ediciones en Braille de muchos libros clásicos, por ejemplo “El Principito”, lo cual permite esta apertura a la inclusión universal. Quienes somos lectores e incluso leemos esta columna con nuestros ojos, se nos podría hacer festivo o digno de orgullo saber de determinado contenido está accesible para quienes tienen una discapacidad visual, pero, ¿qué hacemos con ello?
La inclusión es positiva pero debemos reconocer, de entrada, dos cosas: primero, la aún escasa “traducción” al sistema Braille para permitir el acceso; pero, segundo, ¿Quiénes de la población con discapacidad visual pueden acceder al Braille? Es decir, pensemos en la lengua escolar sistémica: casi todos entramos a la primaria a leer y se nos enseña; ¿Eso es equitativo para todos? ¿Las y los niños con discapacidad visual tienen acceso educativo al Braille? Admito que en este contexto el Braille es complejo, pero es donde entran otras oportunidades, como incluirlas a personas que aunque son “minorías”, existen. Sobre todo cuando ahora hay Braille hasta en el transporte público, ¿qué hacemos en materia de lectura?
El 17 de abril del mismo año en que el huracán Isidoro entró a Yucatán, mi familia progreseña y yo buscamos cómo blindar todo, sobre todo porque Eduardo, mi hermanito, al tener una discapacidad neuromotriz no podía afrontar un fenómeno meteorológico como los demás; nos quedamos en la playa, el silbido de las palmeras fue voraz, pero sobrevivimos y Eduardo siguió leyendo la realidad; él no era discapacitado visual, pero leía a su manera. Y entre sus compañeros que sí lo requerían, el Braille no era un gasto público “de poco alcance”: era y es la única ventana a la realidad y la luz de muchas personas que ven con el corazón.
Esto me lleva a la inquietud de tratar de leer un libro en Braille como persona “intelectual”; pero no puedo: hay códigos que se ven más allá de los ojos; se leen con el alma… y los dedos.