Nellie Campobello: una escritora de la revolución

Verónica García: Nellie Campobello: una escritora de la revolución

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Otra de las grandes narradoras que el siglo XX quizá olvidó entre la hecatombe de la modernidad fue Nellie Campobello, precursora de la novela de la Revolución y de la danza en México. Nellie corre con la misma suerte que muchas de las autoras latinoamericanas que quizá los prejuicios de época, el sexismo —en este caso, el antivillismo, el imperialismo, el temor a su lenguaje crudo y directo, a su crítica política y la censura— la consignó al olvido.

También, según Cristopher Domínguez; “coreógrafa eminente y directora de la Escuela Nacional de Danza entre 1937 y 1984, pero que pese a su íntima relación con Martín Luis Guzmán —o acaso por ello— fue desapareciendo progresivamente de la escena literaria mexicana hasta extinguirse entre 1960 y 1989”.

Nació el 7 de noviembre de 1907 en Villa Ocampo, al norte de Durango, en plena efervescencia del México revolucionario. Su infancia transcurre entre el desierto y la Revolución, entre Villa Ocampo, Parral y Chihuahua. Sus recuerdos: entre su madre, sus hermanos y Francisco Villa, a quien nos describe en “Cartucho” como alguien que se preocupa por sus hombres, consigue alimento y se justifica por tener vicios, que compra sombreros, que se enamora, pero que a un sólo grito hace mover un ejército como si fuera un solo hombre, que convirtió músicos en panaderos y también como un hombre capaz de llorar.

Dice Aguilar Mora, en el prólogo a “Cartucho” que “Cien años de soledad no hubiera sido posible sin Pedro Páramo y Pedro Páramo no hubiera sido posible sin Cartucho de Nellie Campobello”, puesto que se anticipa a utilizar recursos narrativos como la nitrificación en la novelística, la fragmentación de la historia, la construcción de un universo entre lo real histórico y la narración en una temporalidad en donde el lenguaje marca el ritmo de la velocidad, en donde parece no existir la confrontación entre el amor y la muerte, la crueldad y la ternura.

Por eso, Emmanuel Carballo, en la entrevista a la autora publicada en 1965 dice: “Sus libros resultan insólitos —en sí mismos y comparados con los que escribieron entre 1931 y 1937—, porque insólita es la vida en la que están inspirados”.

En una época en la que las mujeres que comenzaban a escribir, escribían a cerca de temas intimistas, Nellie Campobello, como pocas, rompe el canon y se atreve a mirar hacia adentro de su propio dolor y el dolor de un pueblo, de su propia soledad y la desolación de todo un movimiento social, de sus propios recuerdos de muerte, de sangre, de amor hacia una madre que sólo dejaba que “le adoraran la mano con la punta de la nariz”, y desde su yo niña intenta, valiente, como Villa, ordenar los hechos para contar lo que nadie se había atrevido. 

“Para ello —en palabras de Elvia Montes de Oca— tuvo que romper con lo establecido, no sólo acerca de la literatura sino también sobre lo aceptado con respecto a lo que debían ser las mujeres y lo que debía ser la historia de la Revolución”.

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