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Es inevitable en estos tiempos hablar de la pandemia que ha atrapado al mundo en una emergencia de salud, situación que nos debe hacer reflexionar sobre cómo estamos en nuestras relaciones con otras personas y de paso con nuestro medio ambiente. Esta pandemia ha puesto en evidencia el daño que estamos haciendo a nuestro entorno natural y cómo la madre naturaleza se fortalece sin la interacción del ser humano.  

El caso más concreto es el de los canales de navegación de la mítica Venecia, lugar que recibe anualmente a millones de visitantes y donde es obligado el paseo en góndola con los tradicionales barqueros que además son guías de turistas de todo el mundo y cantantes. Pudimos ver en varios videos y fotografías cómo lucen hoy estos canales, con agua transparente, flujo hídrico estable y peces que ya se pueden observar en estos históricos cuerpos de agua.  

La causa de por qué se ven así en estos días es muy fácil de explicar: resulta que la capacidad de carga del sitio se rebasa en un 66 por ciento en relación con el máximo permitido, es decir ingresan más personas cada día de lo ambientalmente soportable. Ahora, al no haber actividades en las barcas y en comercios cercanos, la cantidad de descarga de aguas residuales disminuye notoriamente y le da tiempo a la corriente de los canales de desplazar los contaminantes que se suelen verter y el líquido llega al mar de manera más limpia y sin alta carga de contaminantes, lo que se ve reflejado en la calidad del agua de estos espacios.  

Tal parece que la naturaleza trata de recordamos la magnificencia de su creación, su capacidad de recuperarse y sobre todo la importancia de no dañarla ni sobreexplotarla, hoy Tlali Nantli (la madre tierra en lengua náhuatl) nos llama, nos reclama y parece decirnos lo mal que estamos tratándola, nos manda distintas señales para que le hagamos caso, que dejemos de abusar de los recursos naturales y despertemos de una vez de un egoísmo que nos pone a devastar los recursos y comprometerlos para las nuevas generaciones.  

En algunos Caleidoscopios he escrito sobre la importancia de reconocer nuestros errores y nuestra falta de respeto a la madre tierra desde hace mucho. ¿Qué planeta le vamos a heredar a nuestros hijos?, una pregunta importante que me permito contestar con otra pregunta: ¿Qué hijos le estamos heredando al planeta? Si no culturizamos a nuestros descendientes sobre la importancia de los recursos naturales y la necesidad de protegerlos y respetarlos, poco estaremos haciendo para formar personas responsables que puedan tener la oportunidad de disfrutar y compartir un mejor planeta.  

Yo les invito a reflexionar en estos días de poca actividad sobre qué podemos hacer para ayudar al planeta a recuperarse en la medida de lo posible del daño que le hemos hecho y compartir con las nuevas generaciones actividades que nos ayuden a formarlas como responsables de su entorno y su calidad de vida; recuerden que planeta habitable hasta hoy solo hay uno. Adopten las medidas de higiene necesarias, ninguna prevención está de más.