Sobre el periodismo de opinión

Tendemos a olvidar que la opinión busca argumentar sobre las causas y no los hechos...
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Cuando se opina en medios de información, cada vez es más evidente que la recepción a la crítica es tomada por algunos como un asunto de vendetta personal. Sin embargo, no siempre es así. Cuando uno critica o emite una opinión periodística el motor no debe ser la envidia, tampoco la frustración. Es la responsabilidad ética y moral de hacer una denuncia o un análisis informado. En nuestro país, la cultura de tibios conveniencieros ha permeado al periodismo, razón por la cual a veces no se toma tan en serio como otros géneros.

Vivimos en tiempos donde el periodista se tiene que defender de las falacias ad hominem, porque la gente no cuestiona a los aludidos -casi siempre el gobierno- y prefiere denostar y enjuiciar a las pocas voces críticas que se atreven a elevar sus dudas y emitir cuestionamientos. Y es que uno siempre se puede equivocar, pero la semilla está ahí para que usted, amable lector, la recoja y se forme su propio criterio. Esa semilla no es lanzada con fines mezquinos y mucho menos para que se realice una cacería de brujas personal.

Cuántas veces no he escuchado que se hable de tal o cual columnista desestimándolo porque “seguro busca un hueso en el gobierno, o algún reconocimiento en forma de premios y medallas”. Al menos en el caso del que esto escribe, es totalmente erróneo. En el quehacer periodístico es frecuente encontrar gente que no vive de ello, y que por sus labores paralelas incluso podría ver perjudicado su modus vivendi al lanzarse a criticar. Tendemos a olvidar que la opinión busca argumentar sobre las causas y no los hechos, donde la importancia no radica en la noticia, sino en el análisis y reflexión en torno a ella.

Lo anterior no significa que la tesis subjetiva carezca de pruebas, sino que de dichos razonamientos presentados dimana la argumentación cuyo objetivo es persuadir u orientar al lector.

Así que la próxima vez que usted lea una crítica y ésta le remita a sospechar en los oscuros intereses detrás del emisor, póngase a pensar que al periodista es al que menos le conviene exponerse al fuego, pero que, en lugar de callar, ha elegido la valentía de hacerse escuchar pese a todo, otorgando otro aspecto o punto de vista sólo por la irremediable vocación de expresarse en su eterno afán de acercarse a la verdad.