Un siglo de la SEP, nada que celebrar

Daniel Uicab Alonzo: Un siglo de la SEP, nada que celebrar

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A la memoria del profesor Alejandro Castro Escalante

En este año de celebraciones de bicentenarios “pasó de noche” el primer centenario de una institución que debiera tener calificaciones de diez, pero que ha venido en decadencia en las últimas décadas: la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Fue el presidente Álvaro Obregón quien entendió que la educación era un problema de primer orden en una nación que emergía del movimiento revolucionario y el 3 de octubre de 1921 decretó la creación de la SEP, con la misión de reducir el analfabetismo del país, que rebasaba el 70 por ciento. Designó al frente al hasta entonces rector de la Universidad Nacional, José Vasconcelos.

Nuestra intención no es recordar datos históricos, sino destacar que al frente de la SEP, por lo menos hasta la década de los setenta del siglo pasado, estuvieron hombres ilustrados, comprometidos, y que, como en su momento escribió el historiador Daniel Cosío Villegas, vieron la educación como “la única forma en que en México puede entenderse: como una misión religiosa, apostólica, que se lanza a todos los rincones del país llevando la buena nueva de que la nación se levanta de su letargo y camina”.

Por ello, los de mi generación fuimos privilegiados al abrevar los primeros conocimientos en las aulas, de maestras y maestros, literalmente “apóstoles de la educación”. Baste revisar los programas y acciones de gobiernos, por lo menos hasta Adolfo López Mateos, con el plan de 11 años, para comprobar su avance vertiginoso en el país, que tiene su punto culminante con la creación de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, en 1959.

Entre los sucesores de Vasconcelos figuran personajes con una preparación y trayectoria que dieron luz a la SEP, que gozaba de gran prestigio en el gobierno en sus años dorados: Narciso Bassols, Jaime Torres Bodet (en dos ocasiones y quien fuera el segundo presidente de la Unesco), el escritor Agustín Yáñez, después vendrían Porfirio Muñoz Ledo, Fernando Solana (dos veces), Jesús Reyes Heroles y Miguel González Avelar. El único Presidente salido de esta secretaría ha sido Ernesto Zedillo.

¿Cuándo comenzó la debacle en la educación? ¿Cómo se fue perdiendo ese avance desde mediados del siglo pasado? Se habla del daño ocasionado por el sindicalismo, pero es cargarle toda la culpa; los gobiernos y los ciudadanos también tenemos responsabilidad, los primeros por no darle la importancia que merece la preparación de niños y jóvenes, y los segundos, por permitirlo.

En descargo, debemos admitir que aún hay muchos profesores comprometidos con su noble labor, como al que dedico estas líneas, recién fallecido tras más de cuatro décadas enseñando en las aulas y dejando honda huella, cuya esposa, también maestra, escribió: “Fue un hombre muy inteligente, muy capaz, buscando siempre ayudar a los demás, dio su vida por el magisterio, murió en el magisterio, la columna que escribía era para ayudar a los demás, cuando estuvo en el sindicato ayudó a los maestros, y también a sus alumnos, les daba computadoras, les llevaba comida, era muy buen maestro”.

De esa dimensión deben ser los maestros. 

Anexo "1"

Aprender enseñando

Jaime Torres Bodet, poeta, escritor, ensayista y diplomático, dijo que educar beneficia tanto al que enseña como al que aprende: "al que aprende, por lo que aprende, y al que enseña, por lo que enseña". En la Marina, la mayoría de los egresados de la H. Escuela Naval Militar fungieron en algún momento como profesores, instructores o directores de planteles navales, lo mismo que algunos oficiales de Escala de Mar. Esa fue una mis metas incumplidas en la Armada, pero pude hacerla realidad, primero en una academia comercial de Progreso, Yuc, aún en el servicio activo, en 1999, y luego por más de doce años en el Instituto Militarizado del Sureste (primera escuela de su tipo en la Península) en Mérida, donde comenzamos dando clases frente a grupo y años después se nos confirió la responsabilidad de la dirección de Preparatoria.

Fueron años de enseñanza-aprendizaje, porque lidiar con grupos de niños o adolescentes y lograr la empatía para transmitir los conocimientos no es fácil, y menos ahora que la tecnología juega un papel relevante en la educación, aunque hay posiciones encontradas acerca de su efectividad. Pero hay que apostarle a revertir las malas notas y esperar que soplen mejores vientos en el sistema educativo, por el bien de nuestros niños y jóvenes y de México. 

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