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Hegel primero y más tarde Karl Marx y Federico Engels, nos presentaron la triada dialéctica, pensamiento que esquematiza el proceso de la evolución del espíritu humano en su búsqueda de la verdad. Así, Hegel sostenía que una tesis es una idea aceptada, la antítesis una idea que se contraponía a la primera y que del choque entre ambas habría de surgir una nueva idea a la que llamaba síntesis, tiempo después, tanto Marx como Engels, incorporarían estos conceptos a su dialéctica con la que nos explicaban que lo único constante en el mundo es el cambio, que este cambio permanente se manifestaba en nuestra realidad a través del proceso hegeliano de tesis, antítesis y síntesis.

Nosotros simples mortales, en muchas ocasiones solo acertamos a saber que en algunos momentos de nuestras vidas estamos en crisis y éstas siempre acaban en cambios, que pueden ser benéficos o bastante malos para nosotros, con una regularidad bastante desagradable la vida humana se encuentra en crisis, vivimos en medio de ellas y algunas las sorteamos con más fortuna que otras, este devenir constante nos hace ver lo cierto de Heráclito y su frase “nadie se baña dos veces en el mismo río”, lo que ayer fue, hoy no es, y lo que hoy es, mañana no lo será, la historia del ser humano no es solo de constante cambio, sino de constante crisis.

Las crisis pueden ser menores o mayores, dejar algún recuerdo en nuestra memoria y a veces incluso desaparecer en ella o dejarnos profundas marcas personales, que en ocasiones llegan a ser profundas cicatrices, en no pocos momentos de la vida podemos llegar a sentirnos como ratones en un laberinto, corriendo desesperadamente de un lado a otro sin poder encontrar la salida, en esos momentos pareciera que el mundo se sale de su cauce y no lograremos sobrevivir, cuando la verdad es que en la enorme mayoría de las ocasiones uno acaba sobreviviendo de una manera o de otra.

Probablemente lo que necesitemos en esos momentos, en primer lugar, sea detenernos y observar la situación, reconocer todas las aristas de la situación, hacer un inventario de nuestras habilidades y posibilidades, respirar profundo y acometer con valor la irremediable tarea de sobreponernos a nuestra situación, es parte de nuestra realidad y de nuestra condición humana el vivir enfrentando las crisis que la realidad del mundo nos impone.

Las crisis no deben en modo alguno robarnos la alegría de vivir, pueden en un momento dado perturbarnos y tal vez secuestrar momentáneamente nuestra tranquilidad, pero después de cada tempestad llegará la calma, no olvidemos que la vida es bella, pero no por ser fácil, convendría que nunca olvidemos que ningún mar en calma ha forjado a un buen capitán, por lo tanto comprendiendo que las tempestades en nuestro entorno son tan normales como respirar, tomemos el timón de nuestra existencia y enfrentemos la crisis que nos haga el experto capitán que nuestra vida merece.

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