16 de Octubre de 2018

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Borgistas y otros malosos ante la justicia

Más de siete meses han transcurrido desde que el gobernador Carlos Joaquín González desplazó al priista Roberto Borge Angulo en la gubernatura...

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Más de siete meses han transcurrido desde que el gobernador Carlos Joaquín González desplazó al priista Roberto Borge Angulo en la gubernatura, por un enérgico mandato popular que cercenó al PRI de Ayuntamientos tan suyos, como la alcaldía capitalina de Othón P. Blanco y el juvenil municipio de Solidaridad, fundado en el gobierno de Mario Villanueva.

El vigor político del mandatario se mantiene intacto, pero su gabinete no entra en ritmo y algunas piezas del engranaje se atoran y hasta festejan los tropiezos del de enfrente, sin comprender una verdad contundente: el fracaso de una tribu anuncia la catástrofe de todo el equipo que ha desperdiciado un impresionante aval ciudadano en esta etapa inicial de gobierno.

Para muchos el borgismo es un período maldito, comparable con el nazismo por sus efectos devastadores en lo financiero y en el obsequio de predios y demás operaciones perversas; menciona una dependencia y brota el delito pestilente. Tales pecados mantienen en el destierro a un priismo avergonzado cuyas travesuras siguen fluyendo como peste medieval.

El desafío para Carlos Joaquín se plantó desde su huracanada campaña, cuando los electores abrazaron el cambio convencidos de que el relevo desencadenaría procesos penales implacables, enviando a la hoguera a Roberto Borge y equipo estelar. Pero los ritmos de la justicia son comparables con una tortuga atrapada en un laberinto, mientras los reclamos del pueblo avanzan al ritmo de los pensamientos, lo que provoca un conflicto de largo aliento con sus rachas de escepticismo y hasta decepción.

En similares condiciones se encuentran los alcaldes remolcados por Carlos Joaquín: Luis Torres Llanes (Chetumal), Cristina Torres Gómez (Solidaridad) y Perla Tun Pech (Cozumel), quienes se comportan como el hijo de Julio César Chávez ante El Canelo: amenazan antes de subir al cuadrilátero, pero a la hora de la acción lanzan caricias.

Estos alcaldes debiesen tener un calendario a la mano, porque se desempeñan como si la elección estuviese a años luz; pero además su corazoncito late al ritmo electoral y no la tendrán muy fácil si van por la reelección o tras una senaduría o diputación federal, como pretende el chetumaleño Luis Torres que ha dejado dormir como un bebé a su antecesor priista Eduardo Espinosa Abuxapqui.

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