23 de Septiembre de 2018

Opinión QRoo

Cada año implica un reto particular para las diversas plataformas, principalmente por la expansión y el desgaste de las aplicaciones

Cada año implica un reto particular para las diversas plataformas, principalmente por la expansión y el desgaste de las aplicaciones.

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Las redes sociales fueron protagonistas y antagonistas de muchos eventos este año, particularmente en México, ayudó en la movilización ciudadana tras los sismos de septiembre en varios estados, y mucho más cerca, en Cancún, pero tristemente del otro lado de la balanza, está el lamentable caso del #LordNaziRuso. 

¿Hacia dónde más pueden crecer las redes sociales? Cada año implica un reto particular para las diversas plataformas, principalmente por la expansión y el desgaste de las aplicaciones. La popularización de los medios digitales y la portabilidad son los ejes sobre los que se mueve este universo de ceros y unos, pero a partir de 2018, enfrentará también el desafío del fin de la libertad de la red, promovida desde Estados Unidos. 

La decisión, hace unas semanas, de concluir con la igualdad en la red de redes, no conllevará exactamente a un estado policíaco ni a una guerra social, sino a la libre competencia y que la web se rija, ahora sí, bajo las leyes del mercado que se aplican en todos los aspectos de la vida comercial. 

Por un lado, será interesante ver qué avances provocará la llegada de mejores capitales, por ejemplo, en la expansión de las redes de fibra óptica y demás infraestructura necesaria para acercar internet a la gente, sin embargo, esto también implicará que los precios por conectarse a ella, si bien no creemos que se disparen, sí que diferencien capacidad de pago y por tanto, limite el disfrute de las nuevas tecnologías a los mismos que hoy apenas y conocen qué son las redes sociales. 

Éste tal vez sea el principal reto que enfrentaremos los ciudadanos digitales el próximo año: darnos cuenta de que, por una decisión del otro lado del río Bravo, tengamos que decidir (ahora sí) qué tan importante es tener acceso a las aplicaciones y velocidades que hoy no son tan naturales, para priorizar el contenido de lo que hasta ahora era libre y decisión del usuario, no del proveedor de la conexión. 

Particularmente en nuestro país, las redes sociales llegan al 2018 con la enésima oportunidad para que la ciudadanía marque la pauta en un año electoral, a fin de arrebatarle a los políticos el aparente, aunque muy evidente, control que tienen sobre estas plataformas. Si en Estados Unidos la elección presidencial pasada fue copada por el escándalo de las #FakeNews y la trama rusa, en México, los candidatos, sus “bots” (ya en declive), y los tweets comprados, amenazan con plagar las redes sociales con los viejos vicios corporativistas de los partidos. 

Hace apenas unos días, el conocido “influencer”, actor y conductor Roger González, @rogergzz, tuvo que borrar un tweet de su cuenta en el que atacaba a @lopezobrador_ en favor de @joseameadek, ya que sus seguidores lo acusaron de ser un “vendido”. La cuestión, para aclarar las cosas, no fue porque el joven haya tomado partido por tal o cual precandidato, sino porque el contenido del tweet que borró, era el mismo que viralizaron una horda de usuarios comprados y bots. 

En otras palabras, el influencer producto de la casa Disney se prestó al juego sucio del equipo de un precandidato: participó (no se sabe si pagado o no) en una campaña de desprestigio hacia otro aspirante, aprovechando su no poca popularidad entre los influenciables millennials, propiciando el enrarecimiento de las ya de por si sucia precampaña presidencial. Obviamente, borrado el tweet, @rogergzz no explicó su participación ni se disculpó por formar parte de tan desdeñable manera de “hacer política”. 

Para los ciudadanos digitales mexicanos, detectar, denunciar y tumbar los métodos “dinosáuricos” de coacción al voto dentro de las redes sociales, son nuestros principales retos para el crucial 2018. Si en entregas anteriores consideramos que no hay influencers mexicanos que le sepan a la política, el caso del chico Disney refuerza la idea, y sobre todo, nos debe alertar para no ser víctimas de la campaña digital a base de golpes bajos, rumores, #FakeNews y posverdad, se nos viene encima.

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