20 de Septiembre de 2018

Opinión QRoo

Carlos Joaquín ante Franklin

Todo gobernador caribeño tiene que estar preparado con su equipo para hacer frente a las amenazas que nos lanza el Mar Caribe en temporada de huracanes...

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Todo gobernador caribeño tiene que estar preparado con su equipo para hacer frente a las amenazas que nos lanza el Mar Caribe en temporada de huracanes. En los genes del quintanarroense se encuentra el manual riguroso para soportar este tipo de coletazos que siempre hay que tomar muy en serio, vigilando su trayectoria y repentinos cambios de humor y virajes caprichosos.

La experiencia de máxima tensión la soporté en octubre de 1998, cuando el huracán Mitch –activo del 22 de octubre al nueve de noviembre– puso a prueba al gobernador Mario Ernesto Villanueva Madrid y a los sureños, ya que se esperaba el máximo poder destructor y su rabioso avance agitaba los dolorosos recuerdos de quienes padecieron el brutal azote del huracán Janet –el 27 y 28 de septiembre de 1955–, con Margarito Ramírez Miranda como gobernante del Territorio.

Mario Villanueva asumió el liderazgo en esos días y noches de octubre, coordinando cada etapa con el confiable apoyo de las Fuerzas Armadas. Pero por fortuna Mitch no se manifestó en nuestros dominios con el poderío previsto, aunque causó enorme mortandad en Honduras y Nicaragua.

El huracán Keith – del 28 de septiembre al seis de octubre de 2000– fue la primera prueba de viento y agua para el gobernador Joaquín Hendricks Díaz, quien se mostró muy titubeante ante la amenaza; incluso, fue poco práctico que haya decidido pasar la noche en la vivienda de una comunidad de la ribera del río Hondo, ya que era indispensable su presencia ante los medios de comunicación para inyectar confianza y coordinar a su equipo.

De nuevo por fortuna Keith respetó al sur de Quintana Roo, aunque lamentablemente golpeó con mayor fuerza en Belice, provocando inundaciones y destruyendo viviendas endebles.

El gobernador Carlos Joaquín González tomó la batuta para vigilar la evolución de la tormenta tropical Franklin, una amenaza de cuidado porque este tipo de manifestaciones de la naturaleza tiene repentinos cambios de humor y por ello hay que tener a la mano el manual de procedimientos que incluye ante todo un liderazgo altamente efectivo, evitando los excesos de confianza porque bajar la guardia es el peor error.

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