De Morena surgirá la oposición

En esta ocasión, el recuento de los daños es muy profundo, desgarrador, irremediable. Ya no se trata...

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En esta ocasión, el recuento de los daños es muy profundo, desgarrador, irremediable. Ya no se trata sólo de lamerse de las heridas, ya no sólo de aceptar lo ocurrido y mirar hacia el frente. Ya no. Quizá hasta reinventarse resulta demasiado tarde.

La oposición ha quedado liquidada, por los factores que usted quiera… pero liquidada.

Leía a un famoso analista político que aseguraba que (más o menos) “hoy es más fácil que surja una oposición del interior de Morena, por los propios jaloneos que se darán, producto de la ambición de poder…” Es decir, Morena podría empezar a ser víctima de su propio éxito.

El PAN, el PRI, el PRD (en peligro de extinción) ya no representan nada. López Obrador se encargó de arrancarles el alma, cuando dijo hace ya más de cinco años que “la oposición está moralmente derrotada…”

Y no hubo respuesta. Pareciera que esos partidos aceptaron la humillación y entonces bajaron la cabeza, asintieron con la mirada. Así fue y así transcurrieron los años.

Se acercaba el proceso electoral y los aspirantes de Morena (bautizados por el presidente como “las corcholatas”) se adelantaron con muchos meses de anticipación. Y la oposición no hacía nada. Más adversarios fueron algunos periodistas y gran parte de la sociedad civil, que las mismas estructuras partidistas ya mencionadas, quienes permanecían “calladas como momias”.

Tan denigrante fue el asunto, que el mismo presidente –en una de sus conferencias matutinas- anunció muy ufano: “En unos días yo les voy a decir quién será el candidato o candidata de la oposición”.  Lo dijo, se adelantó, y así fue: Xóchitl Gálvez.

Más humillación no podría existir en contra de aquellos a los que durante años los tachó de: Conservadores, de fifís… de una serie de adjetivos, siempre enmarcados con una sonrisa burlona, con desprecio, y el “destape” de Xóchitl se hizo al cuarto para las 12, cuando ya poco o nada se podía hacer.

Y aun así, la gente salió a las calles, a manifestar su descontento, creyendo que se podría dar un milagro, su milagro.

Pero no. Claro que no. No se pudo ¿Cómo este presidente iba a permitir un voto en contra, sino permitió nunca una sola crítica? Y tejió y tejió y tejió muy fino durante estos casi seis años, hasta derrumbar a una oposición tambaleante, hasta liquidarla y darle el tiro de gracia.

Le guste o no lo guste a los pocos o muchos que no están de acuerdo con su régimen.

Su misión, su última acción fue dejar muy claro quién manda en México, y así pasará a la historia: Para algunos muy bueno y para otros aborrecible. No hay medias tintas.

Y cuando surja la nueva oposición, cuando se corte un ala de Morena para crear otra fuerza política, ambas (o más) venerarán a este hombre que hizo del país un papalote.

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