12 de Diciembre de 2017

Opinión QRoo

Dos ex gobernadores en desgracia

Los priistas Mario Ernesto Villanueva Madrid y Roberto Borge Angulo fueron dos gobernadores de Quintana Roo con todo el poder en sus manos...

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Los priistas Mario Ernesto Villanueva Madrid y Roberto Borge Angulo fueron dos gobernadores de Quintana Roo con todo el poder en sus manos, sin contrapesos y con una corte de aduladores que alteraron el semblante en el momento oportuno, cuando ya los semidioses eran simples mortales.

Ambos se dieron el lujo de controlar a la oposición panista y perredista hasta convertirla en ronroneante dupla de mascotas muy bien atendidas. Quizá la falta de contrapesos les arrebató los frenos cuando iban repletos de dinamita, creyendo que el camino en declive y la carga eran pan comido.

Siendo un estado joven, debe preocuparnos la humillante caída de dos mandatarios en episodios no sólo separados por el tiempo, sino por las características de cada capítulo. Porque Mario Villanueva fue sentenciado por el presidente Ernesto Zedillo a principios de 1999, cuando el ex mandatario chetumaleño supo que la ofensiva sería despiadada, tirando a matar.

El de Villanueva fue un proceso visceral, con el sello del presidente Zedillo que activó la PGR para que aniquilase a un gobernador que intentó jugar a las vencidas con el hombre más poderoso del país, digno exponente de un priismo que había permanecido en el poder –con sus cambios de nombre– desde los tiempos de Plutarco Elías Calles.

Villanueva ha sido castigado sin piedad, y tal golpeteo ha indignado a un significativo porcentaje de quintanarroenses que olfatea el olor distintivo de la venganza en su interminable proceso. Por ello lo abrazamos a la distancia.

Borge tendrá que recorrer ese camino repleto de dolor, y tendrá que padecerlo en los tiempos de las redes sociales que tienen la mano muy pesada, con la velocidad del rayo para el ataque con su colección de dagas y veneno.

Villanueva conoció la acidez sulfúrica de la ingratitud de quienes le juraron amor eterno cuando estuvo sentado en el trono del Olimpo. Por su camino recorrido, el ingeniero Mario ya aguardaba las reacciones de quienes cambiaron el entusiasmo por la frialdad y el deslinde.

Como gobernador muy joven y con carrera política cocinada al vapor, Borge enfrentó muy pronto los primeros vientos de ingratitud de quienes encumbró y consintió, creyendo que la lealtad no tenía fecha de caducidad. Muy tarde comprendió que esa lealtad está enlazada al poder sexenal o lo que pueda durar.

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