15 de Diciembre de 2017

Riviera Maya

Drama familiar por inesperado incendio en Bacalar

Un descuido de dos menores que jugaban con chifladores provoca que humilde palapa fuera consumida por las llamas; hasta las mascotas resultaron ilesas en el siniestro.

Ante la falta de equipo y bomberos en el municipio, el fuego arrasó con toda la casa y pertenencias de la familia, que ayer no tuvo donde pasar la noche. (Juan Carlos Gómez/SIPSE)
Ante la falta de equipo y bomberos en el municipio, el fuego arrasó con toda la casa y pertenencias de la familia, que ayer no tuvo donde pasar la noche. (Juan Carlos Gómez/SIPSE)
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Juan Carlos Gómez/SIPSE

BACALAR, Q. Roo.- ¿Dónde vamos a vivir?”, se preguntaba un niño de escasos diez años, mientras era abrazado y consolado, a lo lejos su casa se convertía en cenizas delante de sus ojos, “no pensé que se fuera a quemar”, decía.

 
Poco después del medio día de ayer, entró la llamada al 066, los elementos de la Dirección de Seguridad Pública recibieron el reporte de un incendio al final de la calle 27, en la colonia Carlos Salinas de Gortari, conocida como Nuevo Progreso.
 
“Mis animalitos, los patitos y los perros, ya se me murieron”, decía el infante al lado de su pequeño tío de 11 años. Ambos iniciaron el fuego que terminó con dos años de arduo trabajo: la estufa, la lavadora, el televisor, el refrigerador que no se ha terminado de pagar y todos los papeles personales, incluyendo la tarjeta de Oportunidades.
 
Minutos antes estaban en el domicilio, la falta de recursos y trabajo bien pagado hacen que Angélica Pardo Zavala, de 26 años, hermana de Javier, abandone la casa todos los días para trabajar en una tortillería cercana.
 
Lino Palomino Quezada, de 50 años, y Clara Zavala Ramos, de 52, padres del niño de 11 años y abuelos del de diez, trabajan en el campo y venden pozol.
 
Saliendo de la Escuela Primaria “Tenochtitlán”, los niños compraron unas “chispitas”, los fuegos pirotécnicos son vendidos a tres por un peso, habían guardado cinco pesos para adquirirlas al terminar su día escolar. Ya en la casa salieron para prender los “chifladores”, uno de ellos tocó la palapa y de inmediato se extendió el fuego.
 
La desesperación de los niños los llevó a tomar una escalera e intentar apagar las llamas del techo, pero todo fue inútil. 
 
A lo lejos, María Genoveva Pot Chan vio lo que pasaba y pidió ayuda, mientras le gritaba a los pequeños que se alejaran del lugar.
 
Aunque Bacalar cuenta con un área llamada “Subdirección de la Unidad de Combate a Incendios”, nadie está a cargo, según dijeron los policías municipales. Bacalar no cuenta con bomberos y Chetumal está a 20 minutos de camino, por lo que la ayuda especializada no llegaría nunca. La pipa de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA), que algunas veces es usada en incendios, no estaba en la ciudad. Los caminos son de terracería y no tienen una identificación visible.
 
Una vez que llegó Angélica al lugar, sus hermanos se le abalanzaron en llanto, al ver lo sucedido tampoco pudo contenerse. 
 
La preocupación de los uniformados era el tanque de gas, no sabían a ciencia cierta si explotaría o no, por lo que no se acercaban a más de diez metros de la casa, mientras ésta se venía abajo por los efectos de la lumbre y el material con el cual estaba construida.
 
Una vez que llegó Clara, todos se reunieron a su alrededor, le habían avisado del incendio, pero no le dijeron que su familia estaba ilesa; la preocupación la superaba. Lloró por un largo tiempo, “¿dónde vamos a vivir?”, se preguntaba al igual que su nieto.
 
“Hoy en la mañana iba a comprar el tanque de gas, pero no me dio tiempo, por algo pasan las cosas”, dijo Clara.Protección Civil llegó casi 30 minutos más tarde, habían ido a buscar la pipa, pero al no conseguirla no podían más que esperar. “Pues con cubetas”, se escuchó entre la gente y así lo hicieron, policías, vecinos y elementos de la dependencia municipal buscaron mitigar el fuego con cubos llenos de agua.
 
Sólo quedaron escombros y algunas ollas, unas cuantas gallinas habían sobrevivido, de Fote y Hormiga, los dos perros de la casa, no se sabía nada. Cuando Lino llegó, recogió con un palo lo poco que podía: una olla, un sartén, un pocillo.
 
Armando caminó en busca de su tío, en el senderó hizo el descubrimiento: Fote estaba con vida, Hormiga apareció tiempo después. El gato, que dicen los vecinos salió volando, también llegó ileso.
 
Los curiosos, la policía y Protección Civil se fueron retirando poco a poco, al final sólo quedó la familia contemplando su patrimonio hecho ruinas.

 

(Edición: Rafael Pérez)

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