22 de Septiembre de 2018

Quintana Roo

La historia del último Chilam Balam

A pesar de contar con dos licenciaturas, el gran sacerdote maya, Alejandro Chan Escamilla continúa ahondando en los códices y el lenguaje que su padre le heredó.

Alejandro Chan Escamilla se dedica a difundir y conservar la identidad de la cultura maya. (Edgardo Rodríguez/SIPSE)
Alejandro Chan Escamilla se dedica a difundir y conservar la identidad de la cultura maya. (Edgardo Rodríguez/SIPSE)
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Edgardo Rodríguez/SIPSE
CHETUMAL, Q. Roo.- Hace varios siglos, en la Mesoamérica precolombina, el sureste de México era habitado, en su mayoría, por la etnia Maya. En esas épocas dominadas por los Halach Uinik, amos y señores de las tierras, los Chilam Balam formaban parte importante de la estructura social, política y religiosa de la cultura maya.

Sin embargo, después de la llegada de los españoles y del posterior dominio de esta etnia, las raíces que formaban parte de tan asombrosa cultura se fueron perdiendo; Algunos conocimientos pasaron de generación en generación, sobreviviendo, apenas, bajo la doctrina del yugo español, de estos conocimientos heredados surge el último Chilam Balam, Alejandro Chan Escamilla, un adulto de casi 60 años.

Proveniente de los territorios que alguna vez fueron dominados por K'inich Janaab' Pakal, y quien, desde los 4 años, aprendió todo sobre la cultura maya, de la cual es hijo y sacerdote, el Halach Uinik del linaje de la orden de la serpiente, señor maya y uno de los últimos que guardan el conocimiento sobre la escritura, historias, religión y lengua de los antiguos que, alguna vez, caminaron a lado de los hombres-jaguar.

El último Chilam Balam es nativo de Lankam Ha (Ciudad de los Huesos), cerca de Palenque, lugar de las grandes aguas, Chiapas, zona que, según los historiadores, fue dominada por el gran rey maya K'inich Janaab' Pakal; en este lugar fue donde nació y tuvo sus primero acercamientos hacía la cultura maya, para posteriormente trasladarse a la ciudad de Ocosingo en el mismo estado.

Una vez instalado en esta región, su padre, de oficio chiclero y cazador, le comenzó a enseñar el dialecto maya, lengua madre de la familia por generaciones; además le enseñó a traducir los códices mayas que se encuentran grabados en piedra en las diferentes ciudades milenarias donde habitaron los antiguos sacerdotes.

Según relata el sexagenario sacerdote, el amor por la cultura y su descendencia, lo cautivaron cada día más, por ello comenzó a investigar más y más sobre la antigua civilización que, durante más de mil años, dominó toda Mesoamérica y la cual dejó diversos conocimientos grabados en piedra y algunos libros. Tal fue el conocimiento de esta cultura, que tenían libros detallados sobre ciencias, como medicina, matemáticas y astrología, herramienta que les sirvió para poder predecir diferentes fenómenos cósmicos, que para la fecha en la cual habitaron eran muy adelantados.

Pronto decidió emprender su camino en solitario, al dejar su núcleo familiar, se trasladó al estado de Yucatán, donde inició sus estudios de la sociedad contemporánea, sin olvidar sus raíces culturales.

Terminó la Licenciatura en Educación de Ciencias Naturales en la Escuela Normal Superior de Yucatán; posteriormente, ya convertido en un hombre, se trasladó a la ciudad de Villahermosa, Tabasco, donde estudió la carrera de Ingeniera Química en el Tecnológico de Villahermosa.

A pesar de tener estudios en las ciencias contemporáneas, prosiguió ahondando en los códices y el lenguaje que su padre le había heredado, dejando a un lado “las ciencias del hombre blanco” para dedicarse de lleno a las ciencias que sus antepasados habían dejado atrás y de las cuales aún quedan huellas.

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