24 de Septiembre de 2018

Quintana Roo

Pepenadores laboran exponiéndose a diversos riesgos

Las condiciones en las que desempeñan esta actividad son insalubres y peligrosas, que ha enviado a más de uno al hospital.

Trabajan 12 horas para tener una ganancia de 250 pesos diarios, de lunes a sábado. (Harold Alcocer/SIPSE)
Trabajan 12 horas para tener una ganancia de 250 pesos diarios, de lunes a sábado. (Harold Alcocer/SIPSE)
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Omar Capistrán/SIPSE
BACALAR, Q.Roo.- Si bien la basura se ha convertido en un buen negocio, las condiciones en que laboran los comerciantes de los desperdicios son sumamente insalubres y peligrosas. Decenas de perros vagan entre toneladas de plásticos, cristales y residuos orgánicos. Buscan lo mismo que las personas que trabajan entre la basura: sobrevivir.

Ubicado en las afueras de Bacalar, en la carretera que lleva hacia el poblado de Reforma se encuentra el actual basurero, centro de trabajo de aproximadamente 30 personas que se afanan en seleccionar materiales reciclables y obtener aproximadamente 250 pesos al día.

Entre el montón de basura, las condiciones de vida se degradan al mismo nivel que la dignidad de las personas. El porvenir es incierto, no se conoce otro futuro que la recogida de vertidos hasta por más de 12 horas al día entre millones de moscas, ratas, buitres e incluso boas y pitones.

Familias enteras se suben a las colinas de la primera celda del relleno sanitario, formadas por la acumulación de desperdicios en busca de cartón, vidrio, plástico y aluminio. Soportan frío, viento, lluvia, ca- lor y lo que es peor, un olor nauseabundo que lo impregna todo.

Esta forma de ganarse la vida es en muchos casos, hereditaria, la mayoría no conoce otro trabajo que el que desarrollan entre kilómetros de desperdicios, ni siquiera ven posible otra salida.

“Entré a recoger plástico hace 11 años aproximadamente, empujada por la necesidad de mantener a mis seis hijos", recordó Isabel Ramírez, mientras continúa buscando materiales reutilizable en compañía de otros dos hombres y dos jóvenes que llegaron al basurero recientemente, con la percepción de que es un buen negocio.

Reconoce que si bien en estos momentos su ingreso económico se incrementó de los 60 o 70 pesos diarios, hasta los 250 en un buen día, trabajando de lunes a sábado, las infecciones son una constante.

La inhalación de gases y los esfuerzos de trabajar en el tiradero me han ocasionado problemas respiratorios y de corazón”, dijo, asegurando que por años carecieron de cualquier tipo de ayuda por parte de las autoridades, hasta que hace poco, el concejo municipal los incluyó en el “Seguro Popular”.

A las precarias condiciones medioambientales de la zona, hay que unir un alto índice de desnutrición que agrava los problemas de salud de los pepenadores. Misma que es consecuencia de la baja calidad de alimentos , la mayoría de los cuales son adquiridos en el límite de caducidad o recogidos de los desechos.

Cirilo Vásquez Zacarías, quien se dedica al negocio en compañía de su esposa y suegra afirmó que el programa de separación de residuos, no va en detrimento de su economía; sin embargo, subrayó que las condiciones en que trabajan son sumamente riesgosas pues algunas clínicas arrojan desperdicios como si se tratara de basura común, lo que ha enviado a más de uno al hospital.

Recientemente, el municipio capitalino implementó un programa de separación de residuos, mismo que, aunque tenía los mejores propósitos, al parecer fue un completo fracaso, debido en parte que no existe cultura sobre el tema y carece de difusión.

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