20 de Octubre de 2018

Opinión QRoo

El cronista saca la casta

Tras este atentado contra identidad del faro, Alicia Ricalde fue recriminada con dureza.

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Digno sucesor de su padre, el inolvidable Ignacio Herrera Muñoz, el Cronista chetumaleño, Fabián Herrera Manzanilla, se lanzó con todo en defensa de la identidad histórica del Faro de Chetumal, que por una ocurrencia insensata de la titular de la Asociación Portuaria Integral de Quintana Roo (Apiqroo), Alicia Ricalde Magaña, fue “adornado” con los colores del actual gobierno estatal.

Esta acción absurda de la inculta funcionaria panista, quien ordenó colocar en el faro una lona impresa con el logo de la Apiqroo en tonos azules y amarillos pisoteando la importancia histórica del monumento, causó la indignación generalizada de los capitalinos y la reprimenda pública del Cronista.

Tras este atentado contra la identidad del faro, Fabián Herrera recriminó con dureza a Alicia Ricalde por esta decisión, manifestándole que el hecho es un agravio contra la memoria chetumaleña y exigiendo que el faro y la terminal marítima de la capital sean devueltas a su color original.

Y para que el asunto no quede nada más como una queja de Facebook, el Cronista formalizó hace un par de días esta exigencia en un documento dirigido a la Apiqroo, el Congreso local y el Instituto para la Cultura y las Artes (ICA), en el que expuso a detalle cada una de las razones para devolver la originalidad a estos edificios emblemáticos.

El argumento central del Cronista es que tanto el faro como la terminal marítima son edificios emblemáticos de la capital quintanarroense que evocan la importancia que tuvo Chetumal como pueblo.

Recordó que desde su construcción el faro y la casa del guardafaro lucieron el color blanco, además de señalar que devolver la originalidad a este ícono chetumaleño lo hace más atractivo para el turismo. 

Le sobra razón a nuestro Cronista, pero se ha topado con pared ante la tozudez de Alicia Ricalde Magaña, quien se resiste a reconocer su burrada y ha hecho caso omiso de la solicitud. 

Esperemos que desde el Congreso o del dormilón Instituto para la Cultura y las Artes se propine un duro jalón de orejas a la funcionaria para que entre en razón y corrija, así sea a regañadientes, el imperdonable error que cometió.

Y de paso debería ofrecer una disculpa pública a los chetumaleños, a los que sigue ofendiendo con su insensibilidad, terquedad y falta de conciencia histórica.

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