11 de Diciembre de 2017

Quintana Roo

La familia le pidió que dejara ese vicio

Tiene más de un mes que lo “levantaron” y desconocen del paradero de Alberto N.

Conducía una motocicleta cuando fue levantado en el fraccionamiento La Guadalupana. (Redacción)
Conducía una motocicleta cuando fue levantado en el fraccionamiento La Guadalupana. (Redacción)
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Eric Galindo/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Tiene un mes que Alberto N, de 42 años, fue “levantado” en el fraccionamiento La Guadalupana, hasta ayer sigue sin aparecer, la familia ya revisó todos los cuerpos que hay en el Semefo, tampoco ha recibido llamadas de los que lo tienen para exigir algún pago. Ellos están resignados y conscientes de lo que le haya pasado, porque se lo habían advertido que dejara esa vida.

Tiene un mes y siete días que sus familiares no saben nada de él. Fue el 17 de mayo, a las 21:15 horas, sujetos lo interceptaron sobre la avenida 127, entre Leona Vicario y Niños Héroes, de la Región 217. Lo bajaron de su motocicleta Italika, roja.

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La mañana de ayer, un sobrino del desaparecido, se presentó a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado (FGE) para reclamar y solicitarle al Ministerio Público del Fuero Común (MPFC) la devolución de la motocicleta de su tío.

El mismo día que desapareció, a los pocos minutos que levantaron a su tío, fue hallado un sujeto ejecutado en el fraccionamiento Residencial Turquesa, en la Región 248, se mencionó en los medios de comunicación que era el mismo que habían levantado en La Guadalupana, pero ellos fueron a verificar el cuerpo y no era el de su tío.

Su tío tiene 42 años, era adicto a la droga, antes de entrar al mundo de la venta de droga, se dedicaba a repartir tortilla, donde ganaba seis pesos por cada kilo que vendía, pero no le gustó el trabajo.

La primera advertencia del crimen organizado fue cuando la droga que le dieron para vender, la tomó para su consumo, tenía que pagar dos mil pesos por toda la droga y como escarmiento lo “tablearon”.

En esa ocasión, él le prestó a su tío para que pagara la deuda, pero toda la familia le dijo que se saliera de esas actividades porque acabaría mal. No entendió.

No escarmentó y continuó vendiendo droga, pero como es adicto, volvió a consumir el productor que tenía que vender, esta vez debía tres mil pesos.

El domicilio donde vivía, prácticamente lo vaciaron los de la delincuencia organizada, se llevaron muebles y hasta los protectores. A pesar de que saben que podría pasarle algo, no pierden las esperanzas de encontrarlo con vida.

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