12 de Diciembre de 2018

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Localizan nuevo sitio prehispánico al sur de Q.Roo

El área tiene una extensión de 25 hectáreas; la integran varias edificaciones enormes

Grupo monumental El Pich localizado en el municipio de Othón P.Blanco. (La Jornada)
Grupo monumental El Pich localizado en el municipio de Othón P.Blanco. (La Jornada)
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Agencias
CHETUMAL, Q,. Roo.- Un gran sitio prehispánico maya de alrededor de mil 750 años de antigüedad fue localizado por arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la zona serrana del sur de Quintana Roo, situada a 10 de kilómetros del río Hondo y de la frontera con Belice, según publica La Jornada en su portal web. 
 
El recién detectado asentamiento –que podría ser uno de los más grandes de la región– todavía se halla cubierto por la maleza y la vegetación selvática que lo cobijan desde hace siglos, y es lugar donde habita una importante diversidad de fauna, como reptiles, jaguares, aves, puercoespines, monos, así como algunos insectos.
 
En la inhóspita zona no hay telefonía ni electricidad. Las únicas señales de vida en el lugar son las propias de la naturaleza.
 
Hace unas semanas concluyó la primera temporada de investigación de campo en la cual se obtuvo un primer registro, así como la ubicación y extensión aproximada –25 hectáreas– del área, que cuenta con estructuras monumentales. Además se realizaron los planos del sitio que llevará por nombre Noh Cah (Ciudad Grande), explicó a este diario el arqueólogo y líder del proyecto Javier López Camacho.
 
El asentamiento se ubica a poco más de una hora de la ciudad de Chetumal. Para llegar a esta antigua ciudad se debe tomar la carretera de la rivera del río Hondo hasta llegar al poblado de Rovirosa, desde donde se deben recorrer 12 kilómetros sobre un angosto camino de terracería, bordeado por cañaverales.
 
Cabe destacar que en esa área se encuentra un ingenio cañero, así como maderas preciosas, entre ellas cedro y caoba, que son protegidas por las autoridades ejidales.
 
Verificación de la antigüedad
 
De esta zona prehispánica no existen referencias históricas. Su investigación en campo comenzó hace casi dos meses con el mapeo del lugar y con el registro de los grupos monumentales, plazas, unidades habitacionales y caminos que han comenzado a definirse luego del chapeo (limpieza de las áreas y retiro de la vegetación) y de los pozos estratigráficos realizados en diversos puntos del lugar, para verificar la antigüedad de las estructuras.
 
Así explicó López Camacho, quien junto con Araceli Vázquez Villegas, Luis Antonio Torres Díaz, estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y pobladores, comenzaron la aventura que esperan culmine con la apertura de la zona arqueológica y la configuración del plan de manejo de este nuevo sitio arqueológico, para que el público lo visite.
 
Los expertos ubicaron Noh Cah el año pasado, y tras el levantamiento topográfico del sitio maya será entregado el informe al Consejo de Arqueología, para que en el futuro apruebe la siguiente fase de investigación y de excavación en el asentamiento prehispánico.
 
De hecho, los arqueólogos tenían algunas referencias de la existencia del sitio desde 1998, debido a que en esa área serrana existen pantanos, y las aguadas creadas por los mayas para captar el agua de lluvia se observan con imágenes áreas, lo cual es indicador de la existencia de un asentamiento, detalló Javier López Camacho.
 
Con excepción del río Hondo, que es una corriente permanente, los mayas del sur de Quintana Roo tuvieron que construir reservorios a cielo abierto para captar agua, lo cual es una huella inequívoca de la existencia de algún asentamiento.
 
De hecho, prosigue el investigador y profesor de la ENAH, en el sur de Quintana Roo los sitios prehispánicos mayores no se hallan de manera aislada; es constante que siempre se detectan unos separados de otros a una distancia de entre 12 y 15 kilómetros.
 
Es impresionante la cantidad de vestigios arqueológicos que existen en la región sureña de la entidad, añade. “Si nos ubicamos en un momento de la historia –en el periodo clásico– esto se observaría como si fuera un hormiguero, totalmente lleno de unidades habitacionales”.
 
Este asentamiento maya ubicado cerca del poblado Rovirosa es muy extenso; hasta ahora sólo hemos realizado reconocimientos de superficie y de mapeo de 25 hectáreas, las cuales podrían ampliarse, de continuar las investigaciones.
 
Entre las características de Noh Cah, resalta el investigador, confluyen de manera interesante dos estilos arquitectónicos: uno asociado al Petén central guatemalteco y otro al tipo río Bec, un poco más tardío, perteneciente al Yucatán central.
 
Las dimensiones de las plazas –aún cubiertas por la vegetación– son enormes, lo cual sugiere que existió una gran concentración poblacional. Las construcciones llegan a tener 20 metros de altura y extensiones de 100 metros de largo, adaptadas a los lomeríos, lo cual implica un esfuerzo monumental en la edificación del sitio, así como de mucha concentración de gente.
 
En el grupo denominado El Pich destacan cuatro grandes agrupaciones o complejos arquitectónicos, cada uno dirigido a los puntos cardinales, con patios y plazas que dan sentido al carácter ceremonial y a la cosmogonía maya.
 
Como en cualquier sitio prehispánico oculto en la selva, el deterioro en los vestigios versa entre las condiciones de humedad y los diversos factores del entorno.
 
No obstante, señala Javier López Camacho, los mayas nos enseñan mediante estas urbes las técnicas constructivas a las que recurrieron para edificar en áreas de topografía accidentada, así como la tecnología de captación de agua, la construcción de caminos, y nos permite el estudio de la argamasa, con la cual unían sus muros, entre otras cosas.
 
Es de suma importancia, subraya el investigador, no ver al sitio prehispánico tan sólo desde una perspectiva turística, sino como un legado sobre el cual los mayas experimentaron generación tras generación para ofrecer soluciones en su entorno.
 
Esta primera etapa, concluida el pasado 21 de diciembre, fue de identificación, y será complementada con otra de valoración, porque necesitamos establecer la cronología exacta de las plazas, referentes fundamentales donde se verifica la evolución del sitio en el tiempo, gracias a la colocación del pavimiento (pisos de estuco) y de sus fases constructivas, dice el investigador del INAH.
 
El propósito del equipo que encabeza López Camacho es integrar a las comunidades en la protección del sitio y establecer medidas para beneficio de los pobladores.
 
Es importante que las personas que viven en los alrededores conciban al sitio como museo y no como centro de excursión.
 
 
 
 

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